Sábado 14 de Setiembre de 2019. 23ª Semana T.0.
Exaltación de la S. Cruz (en algunos países)
Núm 21,4-9: Los mordidos de serpiente sanarán. Salmo 77: No olviden las acciones del Señor. Flp 2,6-11: Dios le levantó, sobre todo nombre. Jn 3,13-17: El Hijo del hombre será elevado.
“Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. En él está nuestra salvación, vida y resurrección; él nos ha salvado y liberado” (Gal 6,14)
Jesús nos hace conocer a un Padre bueno y misericordioso: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él tenga vida eterna” (Jn 3,16).
El Padre ama a Jesús, su hijo y él ama a su Padre y a sus hijos. El amor de Dios no tiene límites, se nos da como un don. Nos ofrece el don de la vida, del amor, de la misericordia para que nos tendamos la mano los unos a los otros. Su mayor gesto de amor con nosotros es darnos a su mismo hijo Jesús, para que en él tengamos vida y vida en abundancia (Jn 10,10). Él no ha venido para juzgarnos, sino para que el mundo se salve por medio de él.
Jesús entrega su vida en una cruz. Los poderosos de su tiempo, creen que eliminándolo ya no les sería un estorbo para sus planes perversos de dominación. Sin embargo, su muerte en cruz, se transforma en signo de libertad. Él nos ha liberado para ser libres (Gal 5,1), porque optó por la vida, porque fue fiel al amor a Dios, a todos, en especial a los pobres, que arriesgan su vida luchando contra el sufrimiento humano que los oprime.
Jesús corrió el riesgo de amar a los pobres, que eran oprimidos por el poder religioso y político de su tiempo. Él era consciente que la muerte en cruz, estaba siendo planificada por los poderosos, pero no tiene miedo. Luchó en la hora de su oración en el huerto: “Padre, tú lo puedes todo, aparta de mí esta copa. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mc 14,36)
Su entrega y obediencia total al Padre hasta la humillación de una muerte en cruz (Flp 2,7), hizo que su Padre lo exaltara y que nosotros como creyentes nos fijemos ante su donación total para que tengamos una nueva vida “para que ante el nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, la tierra y el abismo; y toda lengua confiese ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre” (FLp. 2,10.11)
Que todos como creyentes trabajemos por este don del amor de Dios, luchando contra todas las cruces de las injusticias, dolor y muerte contra los seres inocentes. Sigamos el ejemplo de Jesús, dispuestos a crear una cultura de amor, justicia, paz, respeto por la vida y la dignidad de cada uno. Sólo tendremos una vida nueva, si morimos al pecado del egoísmo, indiferencia, corrupción, irresponsabilidad, revistiéndonos de los sentimientos de Cristo. “Porque el mensaje de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que nos salvaremos es fuerza de Dios” (1 Cor 1,18).
Fr. Héctor Herrera OP.

