Día 40: Soy la tierra, la flor, la hija, soy la Amazonia

Petición permanente por el Sínodo Amazónico al inicio de cada día:

“Que el Dios de la vida y la belleza, el Espíritu Santo que nos impulsa hacia más fraternidad, unidad y dignidad, y el Cristo encarnado de la Buena Nueva, y de la inculturación y la interculturalidad nos den la serenidad, el discernimiento y la valentía para encontrar los nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral en este Sínodo Amazónico. Todo ello para el bien y la vida de sus pueblos y comunidades, y para caminar más juntos por el Reino”.

Meditar por unos momentos esta petición inicial, buscar la calma interior para entrar en este momento de navegar por las aguas de la Amazonía y de la vida de la Iglesia al servicio de sus pueblos y comunidades, y para escuchar el llamado de Dios a través de su palabra viva.

Lectura del día -Fragmento- (cada uno y cada uno es invitado a profundizar en la lectura completa según su propia necesidad y criterio):

“Habló Moisés al pueblo, diciendo: «Cuando el Señor tu Dios te introduzca en esa tierra fértil, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales que brotan de vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de viñedos, higueras y granados, olivares y de miel; tierra en la que no escaseará el pan y donde nada te faltará; tierra donde las rocas son de hierro y de sus montes extraerás cobre; entonces, comerás hasta saciarte y bendecirás al Señor tu Dios por la fabulosa tierra que te habrá dado. Pero, ten mucho cuidado, no sea que te olvides del Señor tu Dios y dejes de cumplir los estatutos, normas y preceptos que yo te prescribo hoy (…) Recuerda que ha sido el Señor tu Dios quien te ha dado las fuerzas para obtener esa prosperidad; así ha confirmado hoy la alianza que juró a tus antepasados.»” Deuteronomio 8, 7-18.

Reflexión desde la perspectiva del Sínodo Amazónico:

La promesa de Dios es inquebrantable. Así como el pueblo de Israel conó en aquel que fue enviado para su liberación y se pusieron en camino, así esta Amazonía también experimenta en este Sínodo y en este Kairós una navegación paulatina con la conanza absoluta en la promesa de Dios de que vendrá su plenitud y su liberación. Sus ríos, bosques, especies diversas de ora y fauna, y sobre todo sus pueblos y comunidades esperan en el Señor, y Él les habrá de dar las fuerzas para llegar a ese “buen vivir” prometido en la alianza hecha a los antepasados.

Entremos al Sínodo con el corazón abierto, lleno de alegría y esperanza, no porque todo es luminoso, sino porque tenemos la certeza de que la muerte no tendrá la última palabra. De lo que se trata, y a lo que nos sentimos invitados, es de identi-car lo propio de Dios en este camino progresivo de revelación puesto en clave de delidad al Espíritu. Hemos de caminar sin temor a lo nuevo, en respeto de nuestras fuentes y de nuestras raíces, para que crezca con más fuerza la presencia de Dios en el mundo, en sus pueblos y en la Amazonía, y se fortalezca la misión de la Iglesia por el Reino de Cristo en este territorio.

Contemplación

Contemplemos la imagen de este día y dediquemos un momento a reconocer nuestra propia vida y experiencia en la Iglesia y al servicio de la Amazonía para pedir luz en esta palabra de Dios en preparación del Sínodo. Escribir mis peticiones particulares y permanecer en ellas durante este día. Hacemos una invitación a llevar un registro de todo lo que el Espíritu suscite en nosotros como preparación interior para el Sínodo AMAZÓNICO.

Cita para meditación de cierre:

Dame Dios de la vida y de la belleza la constancia de esa lluvia ligera que cae apenas perceptible a nuestros ojos; lluvia que fecunda de vida todo lo que toca; lluvia que acaricia lo creado con su presencia suave y serena, y que produce progresivamente los pequeños hilos de agua viva que poco a poco, unidos a muchos más, verán nacer los ríos; ríos que al converger darán vida tumultuosa al gran Amazonas que es fuente de vida en abundancia para todos y todas. Que seamos capaces de amar Tu rostro misterioso en este río mar. Padre y Madre de la vida, dame la gracia de sacarme las sandalias porque esta tierra de la Amazonía, y todo lo que expresa vida y posibilidad de plenitud comunitaria en ella, es tierra sagrada donde Dios habita, y desde donde nos habla en el Espíritu Santo que se hace viento dador de incesante vida. MLO

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