Miércoles 09 de Octubre de 2019. C. 27ª Semana T.0.

Héctor Valdivieso (1934)

Jon 4,1-11: ¿No voy a tener compasión de Nínive? Salmo 85: Tú, Señor, eres bueno y clemente.  Lc 11,1-4: Señor, enséñanos a orar.

Lc 11,1-4 Jesús vive esa comunicación con su Padre. Camino a Jerusalén le piden sus discípulos: “Señor enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos” (v. 1). Orar no son fórmulas. La oración es un camino que nos hace descubrir a Dios como Padre nuestro.

Cuando tú ores di: “Padre nuestro, santificado sea tu nombre. Tú eres el Padre de todos, el único santo, tú nos llamas a ser santos, a madurar en la fe haciendo realidad tu amor con nuestros prójimos.

Orar es un proyecto de vida. Glorifiquemos a Dios con obras y palabras buenas. Hagamos realidad su reino: amémonos como iguales, dialoguemos, con respeto y sinceridad, trabajando por el bien de los hijos y el bien común.

Libéranos de todo mal, Señor, de nuestros egoísmos, indiferencia contra nuestros prójimos. Que tomemos conciencia del cuidado de la creación, pensando en el futuro de las generaciones.

Trabajemos unidos por el pan de cada día. Perdonémonos unos a otros, busquemos la reconciliación en el hogar, reconociendo lo malo o injusto, para que vivamos en armonía por el bien de los hijos, sí queremos el perdón de Dios, dejando todo tipo de violencia, odios, resentimientos para crecer y madurar como personas. Que esto lo extendamos a la sociedad.

No ponernos en la tentación del pecado de la corrupción, de la codicia, del dinero mal habido, del tráfico de influencias, busquemos la igualdad de la justicia para todos.

¿Meditamos y reflexionamos en cada palabra que decimos en el Padre nuestro y lo aplicamos a nuestra vida en el día a día?

Fr. Héctor Herrera, O.P.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *