Sábado 26 de Octubre de 2019. C. 29ª Semana T.0.
Paulina Jaricot, fundadora (1862)
Evaristo, papa y mártir (s. II)
Rom 8,1-11: El Espíritu habita en ustedes. Salmo 23: Este es el grupo, Señor, que busca tu presencia. Lc 13,1-9: Si no se convierten, perecerán.
Lc 13,1-9: Dos episodios violentos dan pie a Jesús para notar que no son sólo culpables los que sufren algún castigo, sino todos: los galileos y los habitantes de Jerusalén. Lo único que nos queda es la conversión para seguir a Jesús.
Si lo aplicamos a nuestra realidad, a diario surgen asesinatos por la inseguridad ciudadana, migrantes que huyen de la guerra en Asia, África, América Latina, el Caribe, por causa del hambre, o de las dictaduras. Migrantes al interior de nuestra nación por falta de políticas descentralistas.
El ser humano actúa movido por sus egoísmos, pasiones, codicia, indiferencia, indolencia. Frente a esta situación, Jesús nos hace una clara advertencia: “si ustedes no se convierten, acabarán como ellos” (Lc. 13,5)
Jesús nos ofrece un nuevo camino. Vivir según la vida del Espíritu, (Rom 8,1-11). Esta conversión nos exige una actitud constante. Estar abiertos al Espíritu de Dios que nos habla a través de los diversos acontecimientos.
Jesús con esa pedagogía del buen maestro nos pone el ejemplo de la higuera. Él es el labrador que cultiva tu corazón, tu vida para que cada uno, demos buenos frutos, de amor, respeto en la familia, en nuestras relaciones como seres humanos, para sembrar esa justicia y honestidad en el corazón de la sociedad y seamos cultores de una paz que sólo Él nos la puede dar. Él nos exigirá si damos frutos como creyentes, si como Iglesia llevamos el aceite de la compasión y la misericordia para sanar las heridas de nuestros hermanos.
Ser discípulo es trabajar con Jesús para que su nombre sea conocido y sus palabras puestas en práctica. Entonces, sí tendremos una sociedad nueva, cultivando los valores, abonando el corazón de niños y jóvenes con el testimonio de una nueva vida.
Trabajemos en nuestra propia conversión personal, comunitaria, defendamos la vida, el cuidado y protección del planeta tierra. En nuestras manos está mejor la calidad de vida.
Fr. Héctor Herrera, O.P.
