Sábado 01 de Agosto de 2020. A. 17ª. Semana T.0.

Alfonso Ma. de Ligorio, fundador (1787) Pedro Faber (1546)

Jr 26,11-16.24: El Señor me envío a predicar. Salmo 68: Escúchame, Señor, el día de tu favor. Mt 14,1-12: Herodes mandó decapitar a Juan.

Mt 14,1-4: El poderoso Herodes tiembla, como los poderosos de hoy, ante la Palabra de Jesús y dice “Ese es Juan el Bautista que ha resucitado” (v.1)

Juan Bautista había sido encarcelado por Herodes, pensaba tal vez que iba a levantar a la gente en su contra. Le temía. En un banquete donde se derrochaba el lujo, la comida, la orgía, se trama la muerte del profeta. Herodías tenía una hija quien bailó delante de los invitados, lo que agradó a la corte del rey. Es allí donde se decide la muerte del gran profeta Juan. Lo manda decapitar para ser fiel a su juramento de darle lo que le pida.

El contraste entre el lujo, la riqueza, la soberbia del poder y el sometimiento del pueblo de los pobres, a quienes grababa con impuestos, es opuesto al proyecto de Dios. Por eso había que terminar con la vida de Juan, quien cuestionaba las situaciones injustas como inmorales, contrarias a Dios. Los poderosos, eliminan a los profetas que defienden la tierra, el agua, los bosques de la Amazonía como el testimonio de Pablo Fajardo, abogado de los pueblos originarios en el Ecuador dice: Las empresas transnacionales, muchas veces han mostrado su desprecio hacia los llamados países tercermundistas expoliando sus recursos. Las luchas de los campesinos y los indígenas contra estos gigantes pareciera destinada al fracaso. No luchar sería aceptar el suicidio colectivo

El profeta, habla en nombre de Dios: cambiar el estilo de vida, en el sistema económico, que no pone como centro a la persona humana, sino que crea más desigualdades. Esta pandemia de coronavirus urge a los poderes del Estado a nivel nacional, regional y local actuar y defender la vida, la salud, de todo un pueblo.

 La búsqueda de Dios y la defensa del pobre, es un imperativo para el mundo. Los profetas de hoy en diversas partes del mundo confiesan su fe en Jesús, derramando su sangre unos, otros entregando su vida en defensa de la salud y la vida de los pacientes, frente a la insensibilidad de quienes lucran con la salud, por la ambición de ganar dinero, o quienes se niegan a firmar un tratado de defensa del medioambiente, buscan un desarrollo depredador, sin pensar en el futuro del planeta ni en las generaciones. Un desarrollo voraz, que produce trata de personas, violencia y muerte, que mira solo el dinero de algunos es contrario a los planes del Dios de la vida y de los indefensos.

¿Cómo cristianos somos un pueblo de profetas que anunciamos a Jesucristo?

Fr. Héctor Herrera op.

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