Viernes 18 de septiembre de 2020. Semana 24 T.O.
San Juan Macías, o.p. Hermano Cooperador. José de Cupertino, religioso
(1663)
1Cor 15, 12-20 Si Cristo no ha resucitado, su fe es vana
Salmo 16: Escóndeme, Señor, bajo la sombra de tus alas.
Lc 8, 1-3: Algunas mujeres acompañaban a Jesús
Lecturas de San Juan Macías 1 Cor 1,26-31: Dios ha escogido a lo débil del mundo para anular lo que cuenta. Salmo responsorial 130: Guarda mi alma en paz, junto a
ti, Señor. Lc. 12,32-34: No temas pequeño rebaño. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo. Juan Macías, nació en la ciudad de la Ribera, Extremadura, España en 1585.
Hermano dominico, contemporáneo de Martín de Porres. Juan quedó huérfano desde muy niño. Tenía que trabajar como pastor para sobrevivir como hoy lo hacen nuestros niños de la calle. En las horas de soledad en el campo, oraba y allí comprendió que su misión eran estas tierras. Pasó por Colombia, Ecuador. Llegó a Lima. Después de trabajar como pastor en una hacienda, repartió su salario entre los pobres. Y entró al Convento de Santa María de Magdalena de los Frailes Dominicos, como hermano cooperador. Juan Masías se convierte en “Padre de los pobres, de los huérfanos y necesitados”. Hoy nos enseña a saber mirar a las personas, sobre todo a los emigrantes con amabilidad. Muchos salen de su tierra en busca de una mejor calidad de vida, en busca de trabajo. Y a veces sufren las consecuencias duras de la pobreza y de la marginación.
Fr. Juan Macías fue canonizado por el beato Papa Pablo VI, el 28 de setiembre de 1975, pero su fiesta en la Orden Dominicana, se celebra el 18 de setiembre. Fr. Juan se caracterizó por su amor a los pobres y vivió entre los pobres. Porque él mismo experimentó en su vida, lo que es vivir pobre y en condiciones de un migrante de España, que venía a América. Así lo describía Pablo VI sobre su testimonio de pobreza evangélica: “el joven huérfano, que con su escasa soldada de pastor, ayuda a los pobres “sus hermanos”, mientras les comunica su fe; el emigrante que, guiado por su protector san Juan evangelista, no va en busca de riquezas, como tantos otros, sino para que se cumpla en él la voluntad de Dios; el mozo de posada y el mayoral de pastores que prodiga secretamente su caridad en favor de los necesitados, a la vez que les enseña a orar; el religioso que hace de sus votos una forma eminente de amor a Dios y al prójimo; que no quiere nada para sí más que a Dios; que desde su portería combina una intensísima vida de oración y penitencia con la asistencia directa y la distribución de alimentos a una verdadera muchedumbre de pobres; que se priva de buena parte de su propio alimento para darlo al hambriento, en quien su fe descubre la presencia palpitante de Jesucristo; en una palabra, la vida todo de este “padre de los pobres, de los huérfanos y necesitados”.
Fr. Juan Macías como su amigo Fr. Martín, tienen esas notas características como hijos de Santo Domingo de Guzmán contemplaron a Dios en el rostro de los pobres.
Fueron varones de intensa vida de oración, vivieron la Palabra de Jesús, encarnada en los pobres, como la identificación plena con Cristo eucaristía. Su amor a María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

