DOMINGO 34 T.O. CICLO A. D. 22.11.2020. Mt 25, 31-46

DIOS SEPARARÁ A UNOS DE OTROS

Hoy domingo, con la Fiesta de Jesucristo Rey del Universo, comienza la última semana del año litúrgico. El evangelio de Mateo trae a consideración el juicio final con la imagen de un pastor que conoce de cerca a sus ovejas, porque Él mismo las ha cuidado, las ha alimentado y las ha buscado cada vez que alguna se ha perdido. Un pastor tiene una relación muy familiar con sus ovejas, porque son parte de su vida, las conoce desde su nacimiento, sabe cuándo tienen hambre o sed, cuándo están cansadas o asustadas; él las llama y ellas reconocen su voz.

A lo largo del Evangelio, Jesús ha usado frecuentemente esta imagen para referirse a la relación amorosa de Dios con Israel. Este pueblo ha tenido muchos pastores que descuidaron el rebaño, lo han dispersado, lo han maltratado y lo han vendido. Llega la hora del juicio y ahora es cuando ellos serán juzgados por aquello que hicieron o no con los más pequeños y los hermanos menores. Se invierten los roles para dejar al descubierto la hipocresía de quienes habiendo visto la necesidad del hambriento, del sediento, del desnudo, del extranjero, del enfermo, o del preso pasaron de largo y no hicieron nada.

Llama la atención que la mayoría de esas tareas invisibles que se repasan en el juicio son tareas generalmente asignadas a las mujeres, según los roles de género tradicionales. Frecuentemente son las mujeres quienes cuidan a los enfermos, preparan el alimento, asisten a los pequeños, están atentas a la salud y bienestar del grupo familiar. También hoy, probablemente, en una escala de talentos o premios dejaríamos en último lugar a quienes simplemente cumplen con la obligación del rol que les ha sido asignado. ¿No ha sido ésta una milenaria e injusta falta de gratitud hacia las mujeres y hacia tantos otros invisibles de la historia? Por estos días, en algunos países, está próximo el final del ciclo lectivo en las escuelas, o también el ciclo laboral, y esta parábola de evaluación y balance nos ayuda a reconocer el trabajo y esfuerzo en las cosas de todos los días, cotidianas e invisibles, entretejida por todos, varones y mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos y a darles su justo reconocimiento. La Palabra nos ofrece la certeza de que Dios nos ha acompañado y ha mirado en lo pequeño de nuestra fidelidad. Dios que nos conoce en lo profundo de nuestro esfuerzo lo tomará en cuenta.

Por estos días, en algunos países, está próximo el final del ciclo lectivo en las escuelas, o también el ciclo laboral, y esta parábola de evaluación y balance nos ayuda a reconocer el trabajo y esfuerzo en las cosas de todos los días, cotidianas e invisibles, entretejida por todos, varones y mujeres, niños y ancianos, jóvenes y adultos y a darles su justo reconocimiento. La Palabra nos ofrece la certeza de que Dios nos ha acompañado y ha mirado en lo pequeño de nuestra fidelidad. Dios que nos conoce en lo profundo de nuestro esfuerzo lo tomará en cuenta.

F/Editorial Claretiana

 

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