Sábado 05 de diciembre de 2020. I semana de Adviento

Sabás (532)

Is 30, 19-21.23-26 El Señor venda tus heridas

Salmo 146:

Mt 9, 35-38–10, 1.6-8: Jesús se compadece de las personas

Mt 9, 35-10,1.6-8, nos presenta a Jesús como un misionero caminante, que despertaba la alegría y admiración de sus oyentes porque Él es una buena noticia. Señal que el reino de Dios está en medio de nosotros es su sanación. “Sentía compasión, porque estaban maltratados y abatidos como ovejas sin pastor” (v.36)

Isaías 30,19-21.23-26 nos había anunciado a este Dios compasivo que enjuga las lágrimas de su pueblo. Son tan actuales sus palabras cuando nos hace ver el gemido de tantas comunidades indígenas que ocupan una gran parte del territorio, expulsados de sus bosques por la voracidad de los grandes, donde se habla de “desarrollo”, pero un desarrollo destructor. Se ha puesto en alerta que la deforestación, la contaminación de los ríos es una seria amenaza para la vida a nivel mundial. Los campesinos en la costa y en la sierra.

Jesús es el buen maestro y pastor que nos abre la mirada y la visión para ver esa basta cosecha en la tierra. Necesitamos para pastores con la misma compasión de Jesús, que acompañan y dan la vida por los más desvalidos.

Es a los discípulos a quienes nos da el poder de sanar y de proclamar el reino de la vida. Expulsar los espíritus malos del egoísmo, la indolencia frente a los más excluidos, para que estos asuman su dignidad con el trabajo y una mejor calidad de vida, respetando sus costumbres, cultura, idioma.

Sanar, dar vida, limpiar la lepra moral, son signos que Jesús llega a nuestra vida, a nuestro corazón. De todos y de cada uno de nosotros depende ser testigos del reino, como comunidad que se responsabiliza por el bien y la búsqueda de la madurar en nuestra fe.

Fr. Héctor Herrera op.

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