«Quien deja morir a un mendigo por el frío, ese día no debería celebrar la misa, es como un Viernes Santo»

«La conversión no es automática, requiere una respuesta libre (…). Siempre se se habla de amor, se habla de libertad»

«Cada instante de nuestra existencia es un  tiempo precioso para amar a Dios y al prójimo, y así entrar en la vida eterna»

«Quien ignora la Escritura, ignora a Cristo»

«Vemos qué sucede con el engaño y la violencia: poder, don de servicio, guerras, explotación contra la gente… esta es la mentalidad del engaño, que ciertamente tiene su origen en el gran mentiroso, el Diablo, el padre de la Mentira»

Muy dolorido por un nuevo ataque de ciática, y en pie, el Papa no quiso dejar de presidir el Angelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico. No está siendo un buen comienzo de año para Bergoglio en cuestiones de salud, aunque ya se ha vacunado contra el coronavirus y espera estar recuperado para -si la seguridad lo permite- retomar sus viajes al extranjero con una histórica -y peligrosa- visita a Irak.

En este Domingo de la Palabra, Francisco recordó el «paso del testigo» de Juan el Bautista a Jesús, con dos temas esenciales: «El tiempo y la conversión«. El primero, cumplido con la llegada de Cristo; la segunda, que «no es automática», sino que «requiere una respuesta libre». «Siempre que se habla de amor, se habla de libertad. Y siendo libre, requiere una respuesta libre, requiere la conversión».

«Se trata de cambiar de mentalidad y cambiar de vida: no seguir más los modelos del mundo, sino el de Dios, que es Jesús», explicó Francisco, quien explicó que supone «un cambio decisivo de visión y de actitud». «De hecho, el pecado trajo al mundo una mentalidad que tiende a la afirmación de uno mismo contra los demás, e incluso contra Dios, y a este fin no duda en usar el engaño y la violencia», advirtió.

«Vemos qué sucede con el engaño y la violencia: poder, don de servicio, guerras, explotación contra la gente… esta es la mentalidad del engaño, que ciertamente tiene su origen en el gran mentiroso, el Diablo, el padre de la Mentira», improvisó.

Ser acogedores y humildes con todos

Frente a ello, el mensaje de Jesús, «que nos invita a reconocernos necesitados de Dios y de  su gracia; a mantener una actitud equilibrada frente a los bienes terrenos; a ser acogedores y humildes con  todos; a conocernos y realizarnos a nosotros mismos mediante el encuentro y el servicio a los demás». El Papa recordó que fue a llevar la Eucaristía y unción de enfermos a un anciano. «Se me fue volando la vida, creía que fuera eterna«, le dijo… «Así sentimos nosotros los ancianos, que la vida se nos está yendo».

«Cada instante de nuestra existencia es un  tiempo precioso para amar a Dios y al prójimo, y así entrar en la vida eterna», añadió el Papa, quien explicó cómo la historia de cada vida «tiene dos ritmos: uno, medible, hecho de horas, días, años; el otro,  compuesto por las estaciones de nuestro desarrollo: nacimiento, infancia, adolescencia, madurez, vejez, muerte». Y «cada tiempo, cada fase, tiene un valor proprio y puede ser momento privilegiado de encuentro  con el Señor».

«Estemos atentos, y no dejemos pasar a Jesús», concluyó el Papa, antes de la oración mariana.

La muerte de Edwin

«Este domingo está dedicado a la Palabra de Dios, uno de los grandes dones de nuestro tiempo es el descubrimiento de la Sagrada Escritura. Hoy, más que nunca, la Biblia es accesible a todos, en todos los idiomas. Y ahora, también, en formato digital», señaló el Papa tras el rezo. «Quien ignora la Escritura, ignora a Cristo», clamó, volviendo a pedir que «el Evangelio esté siempre con nosotros».

«El pasado 20 de enero, fue encontrado muerto un sin techo muy cerca de aquí, Edwin. En la misma situación se encuentran muchos, recemos por ellos. Quien deja morir a un mendigo por el frío, ese día no debería celebrar la misa, porque es como un Viernes Santo«, lamentó el Papa, quien pidió que «pensemos lo que pensó este hombre, de 46 años, en el frío, abandonado por todos, incluso por nosotros». Tras esto, un largo momento de oración.

Francisco culminó su saludo invitando a todos a participar en las Vísperas de la oración de los cristianos, y al tiempo quiso felicitar a los periodistas por la festividad de San Francisco de Sales. «Exhorto a periodistas y comunicadores a ir y ver, incluso donde nadie quiere ir. Y testimoniar la verdad».

Palabras del Papa antes del rezo del Angelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

El pasaje evangélico de este domingo (cfr Mc 1,14-20) nos muestra el “paso del testigo” -por así  decir- de Juan el Bautista a Jesús. Juan ha sido su precursor, le ha preparado el terreno y el camino: ahora  Jesús puede iniciar su misión y anunciar la salvación ya presente. Su predicación se sintetiza en estas  palabras: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio»  (v. 15). Es un mensaje que nos invita a reflexionar sobre dos temas esenciales: el tiempo y la conversión. 

En este texto del evangelista Marcos, hay que entender el tiempo como la duración de la historia  de la salvación realizada por Dios; por tanto, el tiempo “cumplido” es aquel en el que esta acción salvífica  llega a su culmen, a su plena actuación: es el momento histórico en el que Dios ha enviado al Hijo al  mundo y su Reino se ha hecho más “cercano” que nunca. 

Sin embargo, la salvación no es automática; la salvación es un don de amor, y como tal, libre, por  lo que requiere una respuesta libre: requiere la conversión. Es decir, se trata de cambiar de mentalidad y  cambiar de vida: no seguir más los modelos del mundo, sino el de Dios, que es Jesús. Es un cambio  decisivo de visión y de actitud. De hecho, el pecado trajo al mundo una mentalidad que tiende a la  afirmación de uno mismo contra los demás, e incluso contra Dios, y a este fin no duda en usar el engaño y  la violencia. 

A todo ello se opone el mensaje de Jesús, que nos invita a reconocernos necesitados de Dios y de  su gracia; a mantener una actitud equilibrada frente a los bienes terrenos; a ser acogedores y humildes con  todos; a conocernos y realizarnos a nosotros mismos mediante el encuentro y el servicio a los demás. Para  cada uno de nosotros, el tiempo durante el que podemos acoger la redención es breve: es la duración de  nuestra vida en este mundo. La vida es un don del infinito amor de Dios, pero es también el tiempo de  verificación de nuestro amor por Él. Por eso, cada momento, cada instante de nuestra existencia es un  tiempo precioso para amar a Dios y al prójimo, y así entrar en la vida eterna. 

La historia de nuestra vida tiene dos ritmos: uno, medible, hecho de horas, días, años; el otro,  compuesto por las estaciones de nuestro desarrollo: nacimiento, infancia, adolescencia, madurez, vejez,  muerte. Cada tiempo, cada fase, tiene un valor proprio y puede ser momento privilegiado de encuentro  con el Señor. La fe nos ayuda a descubrir el significado espiritual de estos tiempos: cada uno de ellos  contiene una llamada especial del Señor, a la que podemos dar una respuesta positiva o negativa. En el  Evangelio vemos como respondieron Simón, Andrés, Santiago y Juan: eran hombres maduros, tenían su  trabajo de pescadores, la vida en familia… Y, sin embargo, cuando Jesús pasó y los llamó, «enseguida  dejaron las redes y lo siguieron» (Mc 1,18). 

Que la Virgen María nos ayude a vivir cada día, cada momento, como tiempo de salvación en el  que el Señor pasa y nos llama a seguirlo. Y nos ayude a convertirnos de la mentalidad del mundo a la del  amor y del servicio. 

Fuente: Religiondigital.org

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