El sacerdocio no puede entenderse como una meta externa o una simple promoción personal
León XIV invitó a los seminaristas a revisar sus motivaciones más profundas, insistiendo en que: “El sacerdocio no es una huida de lo que no se quiere enfrentar, ni un refugio ante dificultades; tampoco una promoción o un resguardo, sino un don total de la existencia”, afirmó.
Citó a san Agustín para recordar que “se es verdaderamente libre cuando no se es esclavo”, y advirtió que sólo quien se entrega desde la libertad puede vivir el ministerio como un servicio auténtico al pueblo de Dios. “Lo decisivo no es ordenarse, sino ser verdaderamente sacerdotes”, subrayó.
El Papa explicó que la vida en el seminario es “un camino de rectificación interior”, en el que el discernimiento y la sinceridad ante Dios y los formadores son esenciales para crecer en madurez y libertad.
Recordó que el corazón del seminarista se forma en el trato personal con Jesús, a través de la oración y la escucha de la Palabra: “¡No puede hablar de Dios el que poco habla con Dios!”.
Asimismo, subrayó el valor del estudio teológico como forma de amor y de servicio: “Quien se forma para ser sacerdote no dedica tiempo a lo académico por mera erudición, sino por fidelidad a su vocación”. En este contexto, evocó las palabras de san Alberto Hurtado: “¡Especialízate en Jesucristo!”.

