Viernes 10 de enero de 2020. A. Después de Epifanía

Ana de los Ángeles Monteagudo (1686)

1Jn 5,5-13: El espíritu, el agua y la sangre. Salmo 147: Glorifica al Señor, Jerusalén. Lc 5,12-16: Jesús lo curó de lepra.

Lc 5,12-16: Mary Tere, enfermera, religiosa misionera dominica del Rosario, se había adelantado a los desechables y desheredados, que se acercaban a Jesús. Con mucho amor y ternura se dedicaba a los enfermos de uta. Luego me invitó para visitar a los enfermos de sida. Así como el leproso que era marginado, también estas personas eran marginadas.

Jesús nos sigue enseñando a través de los gestos y palabras llenas de compasión y de misericordia a incluir a los excluidos y marginados a la comunidad. Porque solo una comunidad que ama, acoge, siente ternura y compasión por el rechazado y excluido, incluye en esa comunión con Dios y con los hermanos.

Hoy tu misión como cristiano, como comunidades cristianas es hacer lo que hizo Jesús. Tocar las heridas, sanarlos con amor. Tener entrañas de compasión y de misericordia para ayudar a sanar las heridas sicológicas, físicas, morales en muchos hogares, en el corazón de la sociedad. El leproso de ayer, son los marginados de hoy que piden a Jesús: “Señor, si quieres, puedes sanarme. Extendió su mano, lo tocó, diciendo: Lo quiero, queda sano” (Lc. 5,12-13).

Extendamos nuestras manos, ayudemos al que más lo necesita. Escuchemos con amor y digamos como Jesús, lo quiero queda sano por el poder del amor y de la misericordia de Dios.

Hoy recordamos a la Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo que amaba a los pobres: “Los pobres y humildes hallaron acogida eficaz; los ricos comprensión, que no escatimaba la exigencia de la conversión; los pastores encontraron oración y consejo, los enfermos alivio, los tristes consuelo, los viajeros hospitalidad…(Juan Pablo II homilía de beatificación)

Fr. Héctor Herrera Herrera

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