Viernes 13 de febrero del 2026 – Quinta semana del Tiempo Ordinario – Año Par – Ciclo A
Primera lectura, Libro de los Reyes 11,29-32; 12,19
Salmo 80,10.11ab.12-13.14-15 R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz
Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31-37
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua.
Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá» (esto es: «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Reflexión
El evangelio presenta a Jesús realizando un gesto profundamente humano y cercano. Ante un hombre sordo y con dificultad para hablar, no actúa a distancia ni con solemnidad pública. Lo aparta de la gente, lo toca, suspira y mira al cielo. Es una escena íntima, casi terapéutica, donde el cuerpo, el tiempo y la relación tienen un lugar central. Jesús no tiene prisa: se acerca, crea un espacio seguro, personal, donde la sanación puede acontecer.
También hoy podemos estar rodeados de palabras y ruido y, sin embargo, ser sordos, o hablar mucho y no decir nada. A veces nos hemos cansado de escuchar, de esa escucha verdadera que implica el corazón y no solo el oído. Y sin escucha no hay comunicación auténtica, y sin comunicación no hay comunión. La Palabra nos recuerda que la fe se juega también en la calidad de nuestros vínculos.

