Sábado 15 de enero 2022 de la 1ª semana de Tiempo Ordinario.

Samuel 9, 1-4. 17-19; 10:  Ese es el hombre de quien habló el Señor; Saúl gobernará a su pueblo.

Salmo 20: Señor, el rey se alegra por tu fuerza.

Lc 4, 18: El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad

Marcos 2, 13-17: No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores.

Un  publicano, recaudador de impuestos para el gobierno romano de ocupación, con ganancias injustas para su provecho personal; es considerado por su propio pueblo como pecador, persona sin Dios, enemigo del pueblo.

Al pasar Jesús ve a Leví sentado al mostrador de los impuestos; ve a la persona ¨enferma por el ansia de dinero¨ y Jesús que ha venido a sanar a los enfermos y buscar a los pecadores le dice ¨Sígueme¨.

La palabra de Jesús escuchada y obedecida le hace renacer, ser una persona nueva: Se levantó y lo siguió.

Leví pasa de estar sentado al mostrador de los impuestos a estar sentado a la mesa de la fraternidad compartiendo casa y comida.

Leví se siente acogido en la casa donde comparten la mesa con Jesús: pecadores, gente de mala fama, discípulos, recaudadores.

Jesús vio a Leví, a la persona; y le abrió un nuevo horizonte de vida, de misericordia, de compartir fraterno…  La mirada de los fariseos ve gente de mala fama, pecadores sin futuro y sin Dios.

Porque Jesús te dice sígueme, que tu respuesta obediente a esta palabra, que sana, sea acoger a las personas: sanos y enfermos, creyentes y descreídos gente de mala fama y discípulos para compartir con ellos  el pan del Evangelio y el pan de la amistad, la mesa de la palabra y de la Eucaristía… aunque te critiquen, como a Jesús,  por acoger a gente de mala fama.

Deja que Jesús te mire y escucha: Sígueme.

F/ Dominicos.org

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