Lunes 05 febrero 2024. Quinta Semana del Tiempo Ordinario – Año Par

Primera lectura del primer libro de los Reyes 8, 1-7. 9-13

Sal 131 R/. ¡Levántate, Señor, ¡ven a tu mansión!

Marcos 6, 53-56: Un lugar donde habites para siempre

La mención de una morada para Dios construida por manos humana es una expresión del deseo de un pueblo de que Dios habite en medio de ella.  En este sentido, la tienda del encuentro refiere la condición ambulante de un pueblo sin tierra, que itinera de un lugar a otro, pero, eso sí, siempre “guiado” por su Dios. La solidez de un santuario de piedra indica el establecimiento fijo de ese pueblo. Según la tradición bíblica, esta instalación del pueblo resulta del cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham de darle una tierra en heredad, cumplimiento que culmina en la instauración de la monarquía davídica.

Ahora bien, la teología de la promesa de Yahvé está correlacionada con la teología de la Alianza (las dos teologías fundamentales constituyentes de la ideología de la Biblia hebrea). Los pasajes de 1 Reyes y del salmo 132 refieren el Arca como la presencia de Dios en medio del pueblo. Pero en realidad – se nos informa en 1 Reyes -, el arca no contiene sino las tablas de Moisés, esto es, la expresión grabada en piedra de la Alianza de Yahvé y su pueblo, a cuyo cumplimiento se supedita la presencia de Dios en medio de Israel, presencia que no puede retener ninguna casa de piedra.

En efecto Yahvé seguirá siendo la fortaleza de Israel, el “poder” que salva, protege y otorga la tierra a Israel, mientras este cumpla su parte del trato, en el tenor que el mismo salmo 132 señala: “que tus sacerdotes se vistan de justicia, que tus fieles vitoreen”. Esto es, que el pueblo no se extravíe ni en la idolatría ni en la injusticia que vehicula la idolatría. Mientras David – representación de la identidad colectiva – permanezca fiel al amor de Dios, este permanecerá junto a su pueblo.

No podemos olvidar un detalle: la referencia a Belén (Efratá) no sólo alude expresamente a la renovación de la Alianza con Abrahán en la persona de David; en efecto, en la lectura cristiana, esta Alianza se ha refrendado en el sucesor mesiánico de David, Jesús, definitivo cumplimiento de las teologías de la promesa y de la Alianza veterotestamentarias. ¿Qué implica esto para nuestra pregunta inicial en torno a la morada de Dios?

Antes de entrar en Marcos, consideremos la conclusión de Salomón: “He querido erigirte una casa para morada tuya, un lugar donde habites para siempre […] mas [Dios] ha decidido habitar en densa nube”. La mención de la nube nos da dos indicaciones relevantes: por una parte, que Dios no puede ser contenido entre paredes de piedra (ni en ningún lugar concreto); por otra parte, Dios se “oculta” a la mirada de su pueblo, esto es, no es patente su presencia sino en sus actos, en sus virtualidades.

F/ Dominicos.org

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