Jueves 12 de diciembre de 2019. A. 2ª Semana de Adviento
Ntra. Sra. de Guadalupe
Zac 2,14-17: Canto de la Hija de Sión. Salmo Lc 1,46-55: El Todopoderoso, ha hecho obras grandes en mí. Lc 1,39-45: Bendita tú entre todas las mujeres
María, nuestra Señora de Guadalupe, escoge a un humilde de este nuevo mundo, Juan Diego, para ser su embajador ante el Obispo Juan de Zumárraga. Ella quería un templo “donde Ella pueda escuchar nuestros llantos y secar nuestras lágrimas” …Ella, como prueba, me mandó recoger unas flores sobre el Tepeyac, unas hermosas rosas…Ella misma las tomó en sus manos, las ordenó…Y ahora ¡aquí las tienes! ¡Hazme el favor de recibirlas! Dicho esto, Juan Diego, suelta la tilma y caen las hermosas rosas de Castilla. Pero, el asombro más grande de todos los presentes fue contemplar, en el humilde ayate del azteca la Rosa más hermosa: la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe (P. 21 Nuestra Sra. De Guadalupe).
Dios visita a su pueblo, en el encuentro de dos mujeres de esperanza, a Isabel, le da a su hijo Juan por su confianza en Dios y a la joven María, la escoge como morada de su hijo, el Dios con nosotros. Dios escucha el grito de los pobres y los socorre para gestar en nuestros pueblos, el conocimiento de Él que anima y libera a los pueblos de todo tipo de esclavitud.
María es discípula y misionera, porque creyó en el Dios de la vida. Ella nos ha descubierto a Jesús como el centro de nuestras vidas. Es la mensajera que nos trae la alegría de su hijo Jesús, para que comprendamos el amor y la misericordia. Escucha el gemido de los pobres y de los que confían en ella para descubrimos a Jesús como el Camino, la Verdad y la Vida.
Hoy María de Guadalupe, te doy gracias por haberme ordenado sacerdote en este día, dedicándote todo mi ministerio sacerdotal. Tú me has guiado a lo largo de este ministerio, no exento de dificultades y de alegrías. Tú siempre estuviste a mi lado para sostenerme con tu protección como una madre tierna, amorosa y misericordiosa. Gracias por tu hijo Jesús, quien es mi fuerza, fortaleza y esperanza en todo el ministerio pastoral. Gracias por los Equipos de Nuestra Señora, por los jóvenes, enfermos y ancianos. Amén.
Fr. Héctor Herrera, o.p

