Viernes 29 de noviembre de 2019. C. 34ª Semana T.0.

Saturnino de Tolosa (250)

Dn 7,2-14: Vi venir como un hijo de hombre. Interleccional Dn 3: Ensálcenlo con himnos por los siglos. Lc 21,29-33: Sepan que se acerca el reino de Dios.

Lc 21.29-33: Jesús, nos habla desde su experiencia, nos invita a observar la higuera y los demás árboles, como van echando brotes y nos damos cuenta que el verano se acerca. En estos signos sencillos tenemos que prestar seria atención de la cercanía del reino. Algo nuevo va naciendo y está en nuestras manos, estar despiertos y orar para colaborar con Jesús.

Si nosotros observamos desde la mirada de Jesús, vemos que las grandes ciudades se transforman en cemento. Se destruyen los árboles. No se da atención a los parques para purificar el aire. Se mata a los originarios que cuidan sus bosques, a causa de las mafias madereras. Se protege a los que contaminan los ríos y destruyen la vegetación. Hay impunidad para los que vienen a llevarse nuestros productos y luego los patentan como suyos. No hay una conciencia nacional de protección a los recursos naturales. Se sigue el camino de la extracción sin pensar en tecnificar el país con el producto agregado. La corrupción y la inmunidad son señales contrarias al reino de Jesús. Su reino es libertad, amor, justicia, paz que significa armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los demás y con Dios.

¿Qué necesitamos para ser más humanos y divinos hijas, os de un Dios defensor de la vida?

Oración para escuchar su voz en el silencio profundo interior y no dejarnos aturdir por los vicios y dioses de la embriaguez del dinero y de las preocupaciones materiales que sólo favorecen a algunos.

Estar despiertos frente a los que quieren seguir engañando al pueblo con falsas promesas, que despreciaron y siguen despreciando la vida de los indígenas, convirtiendo a las víctimas en culpables y los verdaderos culpables siguen destruyendo vidas.

Seguridad que Jesús es la luz que ilumina mentes y corazones para hacer algo diferente. En tus manos y en la de todos está acoger a Jesús como el Señor de la vida y de la historia.

El núcleo del mensaje de estos últimos días del año litúrgico no es el miedo, sino la esperanza de la futura liberación, es decir, la esperanza completamente cristiana de alcanzar la plenitud de vida con el Señor. En Cristo todo se hace nuevo, si abrimos nuestro corazón y nuestra mente, para saber leer los acontecimientos históricos y actuar a la luz del evangelio para cuidar, proteger y amar la vida y la naturaleza.

Fr. Héctor Herrera, o.p.

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