Lunes 23 de diciembre de 2019. A. Feria privilegiada de Navidad
Juan Cancio (1473)
Mal 3,1-4.23-24: Enviaré al profeta Elías. Salmo 24: ¡Levántense, levanten la cabeza: se acerca la liberación! Lc 1,57-66: El nacimiento de Juan.
Mal 3,1-4.23-24, anuncia que Dios envía a su mensajero para prepararle el camino. Es Dios mismo quien viene a su pueblo.
Lc 1,57-66 en Isabel que significa “Juramento de Dios” y Zacarías “Dios se ha acordado”, les da al que prepara el camino de Jesús, Juan “Dios Salva”
Qué feliz se siente Isabel y Zacarías por el nacimiento de su hijo. Sus vecinos y parientes se alegran porque la mano del Señor estaba con ellos. Como sucede entre nosotros, querían llamarlo Zacarías, como su papá. La madre interviene y dice se llamará Juan que significa “el hijo de la misericordia”, lo cual es afirmado por su padre, quien desde ese momento recupera el habla. Zacarías creyó en el Dios compasivo que se abaja hasta nosotros. Les había dado respuesta a sus oraciones. Su mujer Isabel, ya no era la marginada por su esterilidad. Sino que, por su constancia en la fe, le trajo alegría, vida.
Dios es un Dios cercano, nos bendice como bendijo a esta pareja en la serranía de Judea. También hoy Dios quiere fecundar nuestros desiertos para que seamos sensibles y acojamos a Dios en nuestras vidas, que protejamos los bosques de aquellos malvados que quieren convertirlas en tierras estériles y que matan a los aborígenes. Este niño Juan será el mensajero de Jesús, el Dios tierno y sencillo que se acerca al que sufre, que grita a las autoridades: ¡Defendamos la tierra, las reservas naturales de los pueblos originarios, porque ellos son los verdaderos dueños de la tierra que Dios les dio!
Busquemos la fecundidad de Dios, sembrando el amor y el respeto por la vida humana. No excluyendo ni tratándolos como el descarte a los más pobres entre los pobres, sino dándoles aliento de vida, mejora en la salud, educación, creación y protección de reservas naturales que los indígenas las manejen y no sean contaminados por el egoísmo y la falta de solidaridad de quienes se creen cultos y que algunos imponen el terror y la muerte.
El grito de Juan será de justicia, conversión, que ya clamaban los primeros misioneros dominicos de las selvas amazónicas, urgiendo desde 1913 al gobierno: protejan a los indígenas de los caucheros, hoy de los madereros que talan sus bosques, de los mineros que contaminan los ríos, matan a su gente, prostituyen a las mujeres.
El Señor está cerca conviértanse y defiendan la vida y la creación. Porque la palabra de Dios se ha cumplido con el nacimiento de Juan Bautista, como anunciaba el profeta Malaquías: “reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra” (Mal 3,24).
Fr. Héctor Herrera, o.p

