Sábado 04 de Abril de 2020. A. 5ª semana de Cuaresma

Isidoro (636)

Ez 37,21-28: Los haré un solo pueblo. Interleccional Jr 31: El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño. Jn 11,45-57: Reunirá a los hijos de Dios

Ez.37, 21-28. El profeta Ezequiel, expresa la ternura y la misericordia de Dios que purifica a su pueblo del pecado y de los falsos ídolos que lo habían llevado a la división. “Yo los reuniré en un solo pueblo. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios”.

Jn 11,45-57. El pecado divide y engendra odios, rivalidades, cegueras. Los fariseos y dirigentes religiosos no podían ocultar su celo y odio contra Jesús por los signos que hacía. ¿Qué hacemos con él? Si lo dejamos que siga muchos creerán en él. Vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación” (v.48).

No les interesaba el templo ni la nación, sino sus intereses de dinero y de cómo manipular al pueblo. Perdían autoridad por su manera de actuar y de pensar. Jesús era un obstáculo para sus planes, sus privilegios. Todos le tenían miedo. El poder religioso tenía que actuar pronto.

Caifás sumo sacerdote les dijo: “No entienden nada ¿No ven que es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que muera toda la nación” (Jn 11,49)

Habían resuelto dar muerte al justo. Ya no andaba públicamente. Se acercaba la fiesta de la Pascua. Allí se desencadenaría toda la persecución, pasión y muerte de Jesús.

En esta Semana Santa abre tu corazón, tus oídos y tu mente para reconocer que Jesús es el Dios con nosotros, que sana nuestras heridas, que nos saca de las tinieblas del pecado que divide. Y que nos invita a unirnos de nuevo en un abrazo generoso y gratuito que tu Padre Dios te ofrece.

No persigamos ni denunciemos al inocente de hoy. Porque en él está el rostro de Jesús. Actúenos como varones y mujeres que por nuestro bautismo hemos renacido con Cristo a una vida nueva.

Unámonos como comunidades cristianas para ser signos creíbles que Jesús se hizo obediente hasta la muerte de cruz para que nosotros tengamos vida nueva.

Que la buena nueva del evangelio de Jesús nos haga discípulos y misioneros, portadores de fe, de esperanza y de alegría.

Jesús muere en la cruz para darte vida. No se quedó en la cruz, sino que resucitó para darnos vida y para que sigamos dando vida con una sonrisa, con la entrega confiada y generosa que él vive allí donde hay amor y comunión entre las personas.

Fr. Héctor Herrera OP.

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