Martes 17 de noviembre de 2020. Semana 33 T.0.

Isabel de Hungría (1231)

Ap 3, 1-6.14-22 Si me abre, cenaré con él

Salmo 14:

Lc 19, 1-10: Quiero hospedarme en tu casa

Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos se ha escondido de esas miradas burlonas y despreciativas de los fariseos y de su entorno. Cuando el joven nazareno, le dice baja pronto que hoy tengo que alojarme en tu casa (Lc. 19,5). Se sorprende porque lo ha mirado con amor y compasión. Más aún se ha hecho el invitado en su propia casa.

¿Cómo corresponder a esta mirada de compasión y de misericordia? Zaqueo, comprendió que tenía que cambiar su vida. Se siente amado, con alegría y fe le dice a Jesús: “Señor, voy a darles mitad de mis bienes a los pobres y a quien haya defraudado, le devolveré cuatro veces más” (Lc 19,8).

Jesús alaba la valentía y el coraje de este varón, que sintiéndose amado, recupera su dignidad de persona. Se convierte al bien y a la justicia. Cambia de mentalidad y con acciones concretas de devolver lo que había robado. Por eso le dice: Jesús “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido” (v.9).

Nuestra sociedad de hoy tiene que pasar de esa actitud mercantilista, que muchas veces se aprovecha del pobre, para prestar dinero con altos intereses, y al final pierde el pobre, por el endeudamiento desmesurado. O algunos políticos que más están pensando en cómo aprovecharse para enriquecerse, que proponer propuestas claras en las diferentes regiones del país para que crezca en todo sentido en moral, educación, seguridad, techo y trabajo.

¿Cuánto tenemos que cambiar de mentalidad y corazón para hacer una real conversión a Dios y al prójimo? Si todos nos convirtiéramos como Zaqueo y hubiera una mejor distribución de la riqueza, daríamos pruebas de un nuevo camino diferente, donde reine la paz basada en la honestidad y la justicia.

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