Martes 05 de enero de 2021. Tiempo de Navidad

Juan Newmann (1860)

1Jn 4, 7-10: Dios es amor

Salmo 71: Que todos los pueblos te sirvan, Señor

Mc 6, 34-44: Jesús se revela como profeta

Denle ustedes de comer. Esta es la respuesta categórica, en imperativo, que Jesús lanza a sus discípulos, cuando de manera irresponsable querían despedir a la gente, para ellos quedarse, tranquilos y en paz, comiendo de lo lindo. Con ese mandato, dado por el Maestro, la Iglesia está llamada a ser solidaria, de manera efectiva, con los más pobres, con los que la pasan mal en la historia.

En el signo del pan y del pescado, Jesús se manifiesta como el que da vida al hambriento, nutre nuestra vida de esperanza en el compartir, en la generosidad de dar, se da la comunión con el hermano. Es en la voluntad de los pueblos de compartir y distribuir mejor los alimentos, en el control de los gases de efecto invernadero, donde se va a procurar el agua para todos. El mensaje de Jesús es claro: al creyente se le conoce por el testimonio de vida. Por ser signos de acogida y de respeto para el hermano. Las comunidades religiosas y cristianas crecerán por el testimonio de vida, en saber escuchar, acompañar y dar la ternura de Dios a todas las personas, si hacemos lo que a él le agrada. “Quien cumple sus mandatos permanece con Dios y Dios con él. Y sabemos que permanece con nosotros por el Espíritu que nos ha dado” (1Jn 3,24)

Jesús se solidariza con la humanidad de forma clara y concreta. Su actitud solidaria le marca el rumbo a la comunidad de sus seguidores, indicándole que estar con él, seguirle y asumir su propuesta es hacerse responsable de la vida de los hombres y mujeres más pobres. El Evangelio es contundente: No es devoción, ni doctrina, ni práctica de piedad, es proyecto de vida solidario, de humanidad plena y total. Es dar de comer, comida real, a aquellos que tienen hambre. Es devolverles la dignidad a quienes el sistema se las ha arrebatado. Ser cristiano es, en definitiva, hacerse responsable de la vida de los hermanos.

Bendecir, partir, dar y repartir, son gestos de lo que significa el banquete eucarístico, para hacer el gesto solidario y participativo que busca el justo reparto de los bienes para que exista una verdadera fraternidad. Jesús es el pan partido y compartido que une a la familia en torno a la mesa, conversando, alegrándonos que Jesús está donde hay signos de compasión y de cercanía al otro y a los otros.

¿Sabemos acoger al hermano, a, cuando viene a un movimiento juvenil o a una comunidad cristiana?

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