Jueves 07 de octubre de 2021.Tiempo Ordinario, Año Impar, Semana No. 27º
Mal 3,13-20a: Los perdonaré como un padre
Salmo 1: Dichoso el que ha puesto su confianza en el Señor
Lc 11,5-13: Pidan y se les dará
Celebramos hoy la fiesta de la Virgen del Rosario, fiesta muy entrañable para nosotros los dominicos, porque tradicionalmente siempre se ha reconocido a Santo Domingo de Guzmán como el fundador del rosario, y a sus frailes como los divulgadores de su rezo. Históricamente esta fiesta nace en recuerdo de la victoria de Lepanto el 7 de octubre de 1571, atribuida al rezo del rosario. En el rezo del rosario, desgranando las avemarías, se repasan los misterios sobresalientes de la vida Jesús, donde la Virgen María tiene un papel muy importante.
María recibe la visita del ángel Gabriel que le comunica su mensaje. Su espontánea reacción ante este anuncio fue la del asombro: “pero ¿cómo puede ser esto?”. Cómo no iba a asombrarse positivamente pues la propuesta de Dios rompía todos los moldes: ser, ni más ni menos, la madre del Hijo de Dios, ser la madre Dios. Era un privilegio muy especial. Y después del primer susto se llenó de asombro. Esta es la primera enseñanza que nos brinda María a todos nosotros: la de asombrarnos ante todas las propuestas que Dios nos hace, a toda la humanidad y a cada uno de nosotros y exclamar como María ¿cómo podrá ser esto…?
Cómo no asombrarnos y alegrarnos de que:
. Dios nos haya regalado su vida divina y que le podamos llamar Padre, porque realmente lo es y sentirnos hermanos de todos los hombres.
. Jesús sea nuestro gran amigo. “A vosotros os llamo amigos” y que nos quiera tan entrañablemente que nada ni nadie nos podrá separar de su amor.
. nos regale después de nuestra muerte la resurrección a una vida de total felicidad y para siempre.
. nos regale a María su madre también como madre nuestra: “He ahí a tu madre”.
Pidamos a María que nunca perdamos la capacidad de asombrarnos y de alegrarnos de todo lo que Dios y su Hijo han hecho y sigue haciendo con nosotros y que como ella siempre aceptemos la voluntad de Dios, una voluntad que busca nuestro bien: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu voluntad”.
F/ Dominicos.org

