Lunes 21 de marzo de 2022 de la Tercera semana de Cuaresma

Lectura del segundo libro de los Reyes 5, 1-15a

Sal 41, 2. 3; 42, 3. 4 R/. Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿cuándo veré el rostro de Dios?»

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 24-30

Lucas nos presenta el episodio de cuando Jesús vuelve a su tierra, Nazaret, y en la sinagoga, tras leer el fragmento de Isaías: “El Espíritu de Dios está sobre mi…” y confirmarles que la profecía se había cumplido en Él, es testigo de cómo la aparente sorpresa y admiración del principio, se torna escepticismo y crítica, pues ¿cómo era posible que el que habían conocido desde niño, y su familia vivía entre ellos, se había convertido en maestro y realizaba cosas sorprendentes?

Es lo que hace que Jesús les eche en cara que “nadie es profeta en su tierra” y les recuerda el milagro de Elías a la viuda de Sarepta y la curación de Naamán el sirio, por parte de Eliseo, lo que desató la furia de sus paisanos, queriendo, incluso, matarlo, pero Él se abrió paso entre ellos y se alejaba.

¡Cuánto nos cuesta reconocer las virtudes de los demás!, sin embargo, que fácil nos resulta el pregonar y difundir sus posibles defectos y, si cabe, agrandarlos.

¡Nos cuesta tanto valorar al prójimo…! Y más si es muy cercano a nosotros. Nos duele que alguien pueda destacar por encima de nosotros y pueda dejar en evidencia nuestra mediocridad.

El Señor nos pide un ejercicio de humildad, olvidarnos de nuestro “ego”, abrirnos a la escucha de la Palabra de Dios y seguir el camino que nos marca, y conseguir ser capaces de reconocer los méritos de cada uno, olvidándonos de nuestro egoísmo.

¿Estamos dispuestos a “reiniciarnos” y recuperar nuestra confianza en Dios?

¿Renunciaríamos a criticar a los otros para insistir más en la escucha de la Palabra de Dios?

¿Nos atrae el ser profetas para los demás?

F/DOMINICOS.ORG

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