El papa: La guerra siempre destruye
El Pontífice no deja de mencionar lo sucedido en la región autónoma del Kurdistán iraquí, donde la Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber «atacado y destruido una de las principales sedes del espionaje del régimen sionista (Mossad)» en el asalto con «misiles balísticos» a Erbil, en el norte de Irak. En el ataque murieron al menos cinco civiles, entre ellos una niña de once meses, mientras que varios otros niños resultaron heridos.
Las buenas relaciones entre vecinos no se construyen con este tipo de acciones, sino con el diálogo y la colaboración. Pido a todos que eviten cualquier paso que aumente la tensión en Oriente Medio y en otros escenarios de guerra.
La guerra siempre destruye, la guerra no siembra amor, siembra odio. La guerra es una verdadera derrota humana. Recemos por las personas que sufren en la guerra.
Sólo el amor sacia nuestros corazones, cura nuestras heridas y nos da la verdadera alegría.
Y, recordando la figura de San Antonio Abad, cuya memoria litúrgica se celebra hoy, el Pontífice habla de combate, pero en el sentido espiritual del término. De hecho, insiste precisamente en esa «lucha espiritual contra los demonios y el pecado» que es «indispensable para crecer en la santidad». Nadie es inmune a esta lucha, ya lo había repetido en los últimos días. Por eso pide implorar la ayuda continua del Señor para ganar esta batalla. Y añade de nuevo, refiriéndose al que es considerado uno de los padres fundadores del monacato:
Que su ejemplo los anime a aceptar el Evangelio sin compromisos.

