Sábado 27 de julio 2024. Evangelio del día. Decimosexta Semana del Tiempo Ordinario

Beato Roberto Nutter

Primera lectura del libro de Jeremías 7,1-11:

Salmo 83,3.4.5-6a.8a.11 R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!

Mateo 13,24-30: El trigo y la cizaña

Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones…

Los judíos tenían a gala y estaban bien orgullosos de ser el pueblo elegido de Dios y de tener un Templo donde adorarle. Pero Dios, a través de Jeremías, les indica que para  ello no valen solo las palabras sino que hay que ir a los hechos. No vale presumir del Templo de Dios, no vale presumir de pertenecer al pueblo de Dios, si luego la propia conducta va en la línea opuesta de Dios. Y enumera algunas de las malas acciones en las que están cayendo: “robáis, matáis, adulteráis… seguís a dioses extranjeros y desconocidos, desde  explotar al forastero, al huérfano, a la viuda” y después de esto “entráis a presentaros ante mí… y os decís estamos salvos”. De esta manera convierten el Templo en “una cueva de bandidos”.

Los creyentes de todos los tiempos hemos de convertir nuestros diversos Templos en lugares donde nos dirijamos a Dios con nuestra oración y con nuestras buenas obras. La mejor manera de conectar con Dios.

El trigo y la cizaña

Creo que a todos nos gustaría que en el mundo y en cada hombre solo existiese el bien y nunca el mal. Pero esta parábola nos muestra la realidad que todos experimentamos. Debido a los sembradores del trigo y la cizaña, nos encontramos con estas dos realidades opuestas en nuestro corazón: el bien y el mal. ¿Cómo nos debemos enfrentar a esta realidad?

Una vez más, debemos acudir a Jesús que predica y nos anuncia la llegada del reino de Dios, al que nos pide que nos apuntemos. Debemos aceptar ese regalo que el mismo Dios nos hace, dejarle a él ser el Rey y Señor de nuestro corazón, de nuestra vida, el que rija y dirija nuestros pensamientos y acciones.

Desde aquí hemos de enfocar nuestra vida, haciendo de ella una lucha del bien contra el mal, porque el mal es lo que nos hace daño a nosotros y los demás.

Teniendo a Dios como nuestro Rey, y sabiendo que Dios es Amor, nos impulsará a que el amor, el  bien más excelso, sea lo que nos mueva en todas nuestras acciones y que, al mismo tiempo, sea la finalidad de todo lo que hagamos. Todo en nosotros ha de partir del amor y ha de buscar amar, amar a Dios, a nuestros hermanos y a nosotros mismos. Eso fue lo que hizo Jesús, en todo momento, se dejó llevar por el amor. “Os he dado ejemplo para que vosotros hagáis otro tanto”.

F/ Dominicos.org

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *