Crisis agropecuaria como resultado de la Informalidad y falta de planificación
En Perú, la crisis que atraviesa el país no solo es un asunto de seguridad y delincuencia, sino también tiene una dimensión ambiental.
Según Daniel Lozada, ex presidente del SADA, la mala gestión ambiental contribuye de manera significativa a la reducción del hábitat natural, y con ello, al deterioro de los recursos que son esenciales para la supervivencia de los agricultores.
En entrevista con el programa Prisma RSM, Daniel Lozada destacó que la situación del agro en el país enfrenta varios obstáculos, en adición a las dificultades propias del sector, también existe una falta de planificación y formalidad que afecta a millones de productores.
Lozada destacó que el 97% de los agricultores peruanos carecen de títulos de propiedad, un problema que impacta directamente en el acceso a financiamiento y a la posibilidad de desarrollar sus cultivos de manera eficiente. La informalidad en el sector agropecuario es casi generalizada, una realidad que es esencialmente visible en las provincias donde diversas infraestructuras productivas no son propiedad del estado, sino de particulares. Esta falta de formalización y saneamiento de terrenos dificulta el progreso, y limita las oportunidades.
Una de las situaciones más críticas descritas por Lozada se refiere a Autodema, entidad que posee cerca de 470,000 hectáreas de tierras, pero sin un perímetro exacto de estas áreas, debido a la falta de delimitación formal. Este desorden en la gestión territorial se ilustra en el Valle de Majes y Huancarqui, donde el desarrollo del agro se ve frenado por herramientas y políticas mal implementadas, dicho fenómeno no es exclusivo de los gobiernos, sino también de las entidades que obstaculizan el progreso del sector.
Además, Lozada señala que gran parte de los problemas estructurales del agro en Perú responden a una visión de los gobiernos de izquierda que, según él, están orientados a frenar la inversión privada. Esta postura ha tenido consecuencias directas en la actividad agroexportadora, especialmente en regiones como La Joya, Santa Rita de Siguas, San Isidro y San Camilo. En estos lugares, las exportaciones están paralizadas debido a la proliferación de la mosca de la fruta, un problema que persiste a pesar de una inversión del Estado peruano superior a los 20,000 millones de dólares en 2000, a través de Senasa.
La lucha contra la mosca de la fruta es en uno de los mayores desafíos para el agro peruano este problema frena el desarrollo de la agroindustria en diversas zonas productivas del país, y su persistencia pone en riesgo la competitividad de la agricultura peruana en los mercados internacionales. A esto se suma el cambio climático, cuyo impacto va más allá de las altas temperaturas o las sequías, generando condiciones que alteran de manera negativa el ambiente ideal para la producción agropecuaria.
Por último, Lozada llama a la responsabilidad colectiva en la lucha contra la crisis ambiental global. Según él, el cambio climático es un fenómeno que nos afecta a todos, y la solución está en nuestras manos: reciclar, reducir el consumo y reutilizar son prácticas básicas para mitigar el impacto ambiental.
Redacción Lucero Paredes

