Viernes Santo
Año litúrgico 2024 – 2025 – (Ciclo C)
Primera lectura del libro de Isaías 52, 13 — 53, 12
Salmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25 R/. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
Segunda lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9
Juan 18, 1 — 19, 42:… Entregó su espíritu
Jesús, preso, juzgado y muerto, momento culminante. Judas, su discípulo lo entrega con un beso. Los soldados lo apresan. Con toda libertad se enfrenta a ese poder religioso y político, que viene a matarlo. ¿A quién buscan? Yo soy. Él había vivido y practicado la Verdad y es condenado y crucificado.
Los crucificados de hoy: migrantes, víctimas de guerras, escándalos, trata de personas, pueblos asesinados por etnias, desaparecidos como Jesús, en distintos lugares del mundo, gimen por la muerte lenta del hambre y la indiferencia.
Jesús, estás colgado del madero de la cruz. Allí están los que han planeado tu muerte, se burlan de ti, como los que hoy ponen los videos para divulgar los crímenes contra tus seguidores. No escuchan ninguna maldición. Al contrario, “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,34) Amas a tus enemigos y los encomiendas al Padre. Tu amor es tan grande.
Estabas crucificado entre dos malhechores. Y tú los miras con gestos de compasión y ternura, cuando uno de ellos te pide que te acuerdes de él: “YO TE ASEGURO: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO” (Lc 23,43)
Tu madre María, la que te engendró, te amamantó, te vio crecer y compartió tu misión, está allí al pie de la cruz, como todas las madres que sufren la desaparición y la muerte de sus hijos. Tú no la dejas sola y le dices: “MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO. HIJO, AHÍ TIENES A TU MADRE” (Jn 19,26)
Se acerca la muerte, recitas el salmo 21, desde la profundidad de tu corazón y te abandonas en sus manos: “DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?” (Mt 27,36)
Jesús desde la cruz sientes sed de la verdad y del agua viva, por la que debemos sentir tus seguidores. Y recitas en el dolor de tu agonía, él, Sal 69,2 “En mi sed me han abrevado con vinagre”. Y gritas: “¡TENGO SED!” (Jn 19,28)
Has cumplido tu misión, la obra que tu Padre te ha encomendado. Has sido obediente, hasta la muerte de cruz y dices: “TODO ESTÁ CUMPLIDO” (Jn 19,30)
Tu muerte en la cruz, parece un fracaso. Sin embargo, allí nos das la vida. Y con el grito de los moribundos, de los creyentes que siguen dando su vida por ti, exclamas: “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU” (Lc 23,46)
Jesús tú nos enseñas desde el altar de la cruz, que no hay muerte sin resurrección. Tu cruz es signo de nuestra libertad, como nos recuerda el apóstol Pablo: “Porque los judíos piden milagros, los griegos buscan sabiduría, mientras que nosotros anunciamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos: pero para los llamados, tanto judíos como griegos, un Cristo que es fuerza y sabiduría de Dios. Porque la locura de Dios es más sabía que la sabiduría de los hombres y la debilidad de Dios más fuerte que la fortaleza de los hombres” (1 Cor 1,22-25)

