Evangelio del martes 27 de mayo del 2025. VI SEMANA DE PASCUA
Primera Lectura. Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 22-34
Salmo 137, 1 bcd-2a. 2bc-3. 7c-8 R/. Tu derecha me salva, Señor
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11 “Os conviene que yo me vaya”
A pocos días de la Ascensión, el discurso de despedida de Jesús en el evangelio de San Juan, ubicado en el marco de la última Cena, nos sumerge en una atmósfera de intimidad y cercanía. Las despedidas siempre movilizan el corazón… Pero, en honor a la amistad que une a Jesús con sus discípulos, el Maestro les hace ver que, en este caso, las despedidas abren a un bien mayor. Y, puesto que el amigo quiere lo mejor para el que ama, ellos deberían alegrarse de que Él vuelva a su Padre, así como Él se alegra de que, con su ausencia física, ellos puedan ingresar en otro modo de relación con Él y con el Padre.
Es que los discípulos seguían a Jesús en proximidad física: lo veían, lo acompañaban, lo tocaban y escuchaban… Pero esto era algo que “ellos” hacían… y —como se reflejó en los sucesos de aquella última semana en Jerusalén— no lograba ser algo muy consistente… por eso, era necesario que el seguimiento se apoyara no en sus fuerzas humanas, siempre pocas, sino en la fuerza de Dios, en el Espíritu de Dios. Era necesario que el seguimiento brotara no solo de un deseo humano, sino de un Amor divino. Solo así, con ese Paráclito en sus vidas, con ese defensor en sus corazones se podría sostener un seguimiento en fidelidad, más allá de los desafíos externos y las fragilidades internas. Solo así, desde esa fuerza interior, el seguimiento iba a ser realmente posible y el Evangelio sería anunciado por el mundo, y el Reino de Dios se iría estableciendo.
Tenemos la oportunidad de discernir y revisar nuestro seguimiento: ¿se apoya en nuestras fuerzas o en la Fuerza del Espíritu? ¿Seguimos a Jesús “carnalmente”, esto es, desde nuestros criterios, a nuestro modo y medida…? O ¿nos experimentamos guiados y conducidos por una Mano más fuerte, por caminos que no conocemos ni controlamos?
Pidamos el Don del Espíritu Santo. Pues, si bien nos ha sido dado ya en nuestro Bautismo y Confirmación, siempre podemos pedir que nos dejemos conducir cada vez más por este Paráclito, Don y Vida de la Trinidad en nosotros.
F/www.dominicos.org

