Miércoles 11 de junio del 2025. Décima Semana del Tiempo Ordinario

Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 11, 21-26; 13 1-3

Salmo de hoy 97,1- 6 R/. El Señor revela a las naciones su justicia

Mateo 5, 17-19: No he venido a abolir, sino a dar plenitud

«La Ley adquiere sentido»

También en el Evangelio hoy se nos invita a profundizar en el corazón de la misión predicar que vimos en la comunidad de Antioquía. Jesús declara con claridad que no ha venido a abolir la Ley o los Profetas, sino a darles cumplimiento. No se trata de una ruptura con el pasado, sino de una continuidad hacia la plenitud. La ley ahora se llena de sentido, no como un conjunto de normas frías, sino como camino hacia la verdadera libertad y la felicidad que brota del amor.

Esto es esencial para comprender por qué los primeros cristianos sentían la necesidad de anunciar a Jesús: porque en Él la Ley cobra coherencia y plenitud en el mandamiento del amor.

La comunidad cristiana crecía no solo por lo que decía, sino por cómo vivía. La coherencia entre la predicación y el testimonio era el mejor argumento para la predicación de la gracia. Mateo nos recuerda que quien enseña los mandamientos y los cumple, será grande en el Reino de Dios.

En un mundo muchas veces escéptico o herido, nuestra misión no es imponer, sino mostrar con la vida que seguir a Jesús es fuente de sentido, paz y alegría. El cumplimiento de la Ley del Amor es camino de felicidad y plenitud. Así lo entendieron las primeras comunidades cristianas de Antioquía, que no se limitaron a cumplir preceptos, sino que encendieron corazones al mostrar la belleza del Evangelio vivido.

Este texto de Mateo nos recuerda que la verdadera predicación comienza en la contemplación de la palabra, que nos transforma. Desde ella, la fe se vuelve fecunda, la comunidad se fortalece y el Reino de Dios se extiende. Hoy, como entonces, el mundo necesita personas que prediquen que en Jesús se cumple toda esperanza.

¿Vivimos nuestra fe como algo personal o como una misión para el mundo? ¿Somos comunidades que oran, se forman y se envían? ¿Vivimos con esperanza y alegría en la fe?

F/ Dominicos.org

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