Cuando el pan cuesta la vida

Lo contamos porque duele, porque, aunque no estuvimos ahí, las imágenes, los testimonios y los partes médicos bastan para sentir que cada bolsa de ayuda ensangrentada pesa mas que una tonelada de indiferencia .

En Jan Yunis, al sur de Gaza, cientos de personas se reunieron frente a un centro de distribución de alimentos. Iban por Harina, Por unos cuantos panes, Por la posibilidad, apenas eso, de llenar un plato de comida.

Estaban desarmados. Muchos eran mujeres, que buscaban alimentar a sus niños, esperaban en filas, sin hacerle daño a nadie, sin atacar, y el simple hecho de solo existir los mató.

El resultado es escalofriante, al menos 50 muertos. Cerca de 200 heridos. Los hospitales, ya colapsados, apenas lograron atender la emergencia.

Muchos pacientes yacían en el suelo, cubiertos con sábanas o atendidos con lo que hubiera. Las imágenes que han dado la vuelta al mundo muestran cuerpos entre paquetes de ayuda, niños cubiertos de polvo, gritos que se disuelven en el estruendo de la guerra.

El ejército israelí emitió un comunicado. Breve. Dijo que está “examinando los hechos”. Que se identificó una multitud alrededor de un camión. No se dijo si fue un error. No se explicó si fue una acción deliberada. La ambigüedad pesa más cuando se contrapone al horror evidente.

Y es que Gaza sigue asfixiada. A pesar del levantamiento parcial del bloqueo, los alimentos escasean. La atención médica se tambalea. La vida cotidiana se parece a una cuenta regresiva que se repite cada vez que alguien sale en busca de pan.

El director general de Hospitales en Gaza, Mohammed Zaqout, fue claro “Hoy la ocupación cometió la masacre masiva contra civiles que buscaba ayuda en un centro de alimentos”

Pero y por que esta pasando todo esto.

Volvamos A 1947, cuando la ONU, con el impulso de potencias occidentales, trazó una línea imaginaria sobre la tierra palestina y propuso crear dos Estados, uno judío, otro árabe. Era el nacimiento de Israel y el principio del despojo para muchos. Irán, como otros países de la región, no aceptó ese trazo. Sostenía otra visión de tener un solo Estado, compartido, sin distinciones religiosas.

Paradójicamente, durante décadas Irán e Israel fueron aliados discretos. Bajo el gobierno del shah Mohammad Reza Pahlavi, Irán vendía petróleo a Israel, intercambiaba embajadores, firmaba acuerdos. La política, entonces, era pragmática. Pero todo cambió en 1979.

La revolución islámica barrió con la monarquía y levantó un nuevo poder teocrático, liderado por el ayatolá Ruhollah Jomeini. Israel pasó de socio a enemigo. Y esa enemistad no se ha detenido desde entonces.

Con los años, el antagonismo se volvió estructura. Irán denunció sistemáticamente la ocupación israelí y brindó apoyo militar y financiero a grupos como Hezbolá, Hamás y los hutíes. Israel, por su parte, denunció ese apoyo como una amenaza existencial. Cuando en 2005 Mahmud Ahmadineyad pidió abiertamente “borrar a Israel del mapa”, el mundo entendió que la retórica había dado paso al abismo.

La desconfianza mutua creció con cada centrifugadora encendida en las instalaciones nucleares iraníes. Cada misil lanzado por una milicia aliada, cada ataque quirúrgico de la Fuerza Aérea israelí en Siria o Gaza, fue una piedra más en un edificio que ya parecía condenado al colapso.

Y en octubre de 2023, todo estalló.

Hamás cruzó la frontera. Atacó con una brutalidad inédita. Mataron, secuestraron, violaron. Israel respondió con una ofensiva implacable. La frágil geografía de la región volvió a encenderse. Los misiles comenzaron a cruzar el cielo de Jerusalén, Tel Aviv, Teherán. Lo que por décadas fue una guerra de sombras, ahora se combate a plena luz del día.

Asimismo hoy jueves 19 de junio en la madrugada Un misil de Irán impacto un hospital del sur de Israel y el ejército de Israel bombardeo con un reactor nuclear iraní, marcando ya el séptimo día de ataque, es incierto el futuro de estas dos naciones.

Redacción Marisol Ciñane 

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