Martes 24 de junio del 2025. Duodécima Semana del Tiempo Ordinario
Primera lectura del libro de Isaías 49, 1-6
Salmo 138, 1-3. 13-14. 15 R/. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
Segunda lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 22-26
Lucas 1, 57-66. 80: “Juan predicó un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús”
«Pues ¿qué será este niño?»
El cambio de nombre en Juan fue el signo de que su identidad no estaba sujeta a tradiciones ni a expectativas familiares. Su identidad tenía que ver con una misión, y para esta misión él debía crecer y fortalecerse en el espíritu.
Su misión era ayudar a la conversión del pueblo antes de que llegara Jesús para que, a su llegada, el Mesías pudiera encontrar un «pueblo bien dispuesto» (cf. Lc 1,17). El bautismo fue el modo que este último profeta encontró para significar esa preparación, esa conversión… ¡Qué creativo! En realidad, fue una herramienta pastoral magnífica… pues de todos lados venían a su encuentro y se hacían bautizar (cf. Mt 3,5-6)…
Y …¿tú?, ¿yo?, ¿nosotros?… Aunque nuestro nacimiento no haya estado acompañado de hechos extraordinarios… ¿no estamos acaso también llamados a ayudar a los demás a disponerse para escuchar a Jesús? ¿No somos también plasmados portentosamente para colaborar con el Señor para que su salvación alcance hasta el confín de la tierra? ¿no estamos invitados a ser creativos e interpretar las búsquedas y necesidades de quienes nos rodean y traducirlas en gestos restauradores que reorienten sus vidas hacia la Verdad?…
Pero… ¿cómo hacerlo? Juan nos puede dar unas pistas y algunas palabras claves nos pueden orientar.
«El Señor pronunció mi nombre»: ¿Cómo reconocer en nuestra vida esa Voz que nos «altera», nos descentra de nuestros egoísmos y nos centra en la persona de Jesús y en su Proyecto?
«Mi Dios era mi fuerza»: ¿Cómo sostener nuestra vida y nuestro actuar en quien nos habita y nos llama? ¿Cómo vivir desde «adentro hacia afuera», para ser firmes sin ser rígidos, para ser íntegros e integradores, sin ser eclécticos…?
«Yo no soy»: ¿Cómo ser protagonistas de la misión sin pretender ser «la estrella de Belén» hacia la que todo el mundo tiene que mirar? ¿Cómo ser ventana para que otros se encuentren con el Señor y no ser un muro grafiteado con nuestras propias voces y consignas?
Que la mano del Señor repose sobre nosotros y nos haga crecer y fortalezca nuestro espíritu, como lo hizo con el niño Juan.

