Sábado 16 de agosto del 2025. Decimonovena Semana del Tiempo Ordinario – Año Impar
Primera lectura del libro de Josué 24,14-29:
Salmo 15,1-2a.5.7-8.11 R/. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad
Mateo 19,13-15: Les impuso las manos
Josué, presenta al pueblo judío, la radiografía informada de su itinerario espiritual. La experiencia de antaño, la de hoy, la de siempre.
El ser humano lleva inscrito en su ADN la capacidad y necesidad de adoración, alabanza, admiración. La cuestión a dilucidar: ¿A quién y/o qué sirvo? ¿Por quién y/o por qué hinco rodilla?
San Juan en el Apocalipsis, a poco que estemos a tiro nos saca los colores a la cara al denunciar: «No sois ni frío ni caliente» Las medias tintas no valen en ningún escenario, menos en la confesión de fe cristiana. Hay que tomar parte. ¿Cuál es la hoja de ruta? «El pueblo respondió: ¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! Porque el Señor nuestro Dios es quien nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto» ¿Es esta la experiencia de mi vida?
Ceñir estrictamente la confesión de fe a un conjunto de normas, dogmas, enseñanzas de manual teológico, puede ser quizá síntoma de cumpli-miento. Es nuclear parirlo desde lo más interior a nosotros mismos. Llegar a afirmar de manera rotunda y convincente que «El Señor es el lote de mi heredad… mi suerte está en tu mano»
Pase lo que pase. Falacia creer que al cristiano todo le ha de rodar bien o todo lo que gestione desde el mundo onírico-emocional va a ser encarnado de facto. ¡Ni muchísimo menos! No es esa la garantía, sino que «hasta de noche seré instruido internamente. Seré saciado de gozo en la presencia del Señor».
Deja que tu niño interior sea tocado por el Señor
El evangelio de hoy nos pone en el brete de confrontar el sufrimiento de nuestro niño interior frente a las prohiciones que nuestros discípulos interiores y exteriores le impusieron e imponen: castración de espontaneidad, transparencia, creatividad… en aras de lo religiosamente correcto.
Nos urge rescatar a cero costes a nuestro niño interior. Si no lo hacemos, perpetuaremos el amordazarlo en los otros. ¿Cómo hacerlo? Dejándolo ser abrazado por el Señor Jesús. Sólo así el Reino de los Cielos será nuestro aquí y ahora.
F/ Dominicos.org

