Domingo 22 de febrero del 2026 – Homilía I Domingo de Cuaresma – Año litúrgico 2025 – 2026 – Ciclo A
Primera Lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
Salmo 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado
Segunda Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Reflexión
Comenzábamos el miércoles, con la imposición de la ceniza, el tiempo de Cuaresma. Los 40 días previos a la Pascua. Un tiempo para ordenar y prepararnos para la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Un tiempo penitencial, un tiempo donde acentuar la necesidad de la conversión, y reconocer lo que nos separa de Dios, de los demás y de nosotros mismos… y tratar de poner los medios para cambiarlo, de modo que nuestra vida se parezca más a lo que debería ser según nuestra fe.
La cuaresma regresa cada año como una invitación. Como una memoria de deseo y de sed. Regresa año a año con las preguntas que en tantos momentos del año arrinconamos y no tenemos tiempo a afrontarlas. Por ser un tiempo especialmente marcado para la introspección, nos trae la capacidad -siempre que quiera vivirse bien- de volver a pasar por el corazón nuestros más profundos anhelos en la vida.
Las tentaciones del desierto que este Domingo escuchamos, nos ayuda a eso, a mirar con verdad y hondura nuestra realidad débil que se ve tentada tantas veces en nuestra vida por una mentira: que la felicidad y la plenitud pueden alcanzarse al margen de Dios. Las tres tentaciones de Jesús, son las mismas tres que todo ser humano vive, cada cual a su modo, pero las tres mismas: el tener, el parecer y el poder.
Fray Vicente Niño Orti O.P.

