Domingo 12 de abril del 2026 – II Domingo de Pascua
Primera Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47
Salmo 117, 2-4. 13-15. 22-24 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9
Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Reflexión
La Resurrección da a la vida de Jesús una actualidad permanente, actual: sigue perdonando, llamando a seguirle; acogiendo a los pobres.
Los discípulos se sienten regenerados: vivían orando, compartiendo, en una fraternidad increíble y una unidad que les llevaba a hacer signos y prodigios en nombre del Resucitado. Superando los miedos a abrirse a la vida, volvieron a Galilea, precedidos por Él, con Él en el centro, con una fe más plena para su vida y misión evangelizadora.
Volver a Jerusalén era lo más fácil, era volver a lo institucional, lo reglado, al cumplimiento. Recomenzar en Galilea es anunciar la posibilidad de un mundo más humano, compasivo, misericordioso y solidario.
Es seguir confiando en el valor del servicio, del testimonio de la verdad; es tener verdadera pasión por los crucificados de nuestro mundo; es asumir el fracaso de la cruz como camino de vida y felicidad.

