Jueves 23 de abril del 2026. Tercera Semana de Pascua

Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 26-40

Salmo 65, 8-9. 16-17. 20 R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Juan 6, 44-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

Durante la Cuaresma se vislumbraba el participar en la mesa pascual. Ahora, es el Pan de vida que se prefiguró en el desierto con el maná y se realiza plenamente en la persona de Jesús. El pan que sustenta para siempre es Cristo mismo. Él nos garantiza que el amor de Dios, su perdón y su promesa de vida eterna es un verdadero don universal.

La lectura del evangelio nos sugiere que la vida eterna nos es accesible de algún modo aquí y ahora, durante esta vida terrenal. La vida eterna en el Evangelio de Juan se entiende como una vida de comunión con Jesús que es la fuente de la vida verdadera. Tal vida de comunión con el Señor puede ser experimentada aquí y ahora por todos los que creen en él. Por ser un momento de comunión con el Señor, la Iglesia siempre ha entendido la Eucaristía como la anticipación de la vida eterna.

La verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios. Esta es una ¡Buena Noticia!, necesitamos predicadores que nos anuncien, como al eunuco, a Cristo. Él es el único que puede sostenernos ahora y por toda la eternidad; alguien que nos descubra que la verdadera meta de nuestro camino es la comunión con Dios, que necesitamos ese pan para afrontar la fatiga y el cansancio del viaje. El maná del desierto, en tiempos de Moisés, sostenía a los israelitas en su viaje a la tierra prometida, pero no les garantizaba la vida eterna. Jesús deja claro que Él es el único que puede sostenernos ahora y por toda la eternidad. El verdadero pan del cielo, el verdadero pan de Dios, es el que vence a la muerte y da la vida. Él es el que desciende del cielo y da la vida a todos.

La donación de Jesús ya se ha hecho y una vez más queda a la espera de ser recibido. Podemos llevar esto en el corazón y entrar en esa voluntad del Padre de que todo el que ve al Hijo y crea en él tenga vida eterna.

F/ Dominicos.org

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