Arequipa exige héroes pero da equipos de hace veinte años
Mientras Arequipa arde y suma otro incendio, otro rescate, otra emergencia, y esta es atendida por hombres y mujeres que no reciben un sueldo. Mientras la ciudad crece y multiplica sus riesgos, entre edificaciones antiguas en el Centro Histórico, tráfico saturado, incendios industriales, los bomberos voluntarios siguen respondiendo con el mismo cuerpo institucional que hace veinte años, sin presupuesto estatal directo, sin reposición de equipos y con una central de emergencias que colapsa cuando más se la necesita. El comandante de la Compañía de Bomberos N.° 19, Juan Córdova Bolaños, lo resume sin rodeos, que los bomberos de Arequipa enfrentan serias limitaciones para atender emergencias debido al uso de equipos antiguos, el desgaste constante de sus unidades y un presupuesto insuficiente, una situación que afecta a las nueve compañías de la ciudad.
La indumentaria es el síntoma más visible de ese abandono. Los uniformes especializados para combatir incendios deberían renovarse cada cinco años, pero en Arequipa se sigue utilizando equipo con 10, 15 y hasta 20 años de antigüedad. Córdova fue enfático al describir lo que significa salir a una emergencia con esa protección, pese el equipo de protección del bombero es sofisticado y caro, es la única defensa que tiene al enfrentar el fuego. El déficit no es menor, dado que cada compañía necesitaría entre 30 y 40 equipos nuevos, pues de forma permanente ingresan voluntarios que deben ser equipados correctamente y que, muchas veces, terminan costeando sus propios implementos.
A la falta de indumentaria se sumó, en los últimos meses, la fragilidad de la línea de auxilio. La central 116 colapsó al menos dos veces entre noviembre de 2025 y abril de 2026 por problemas técnicos del operador telefónico que administra el servicio, obligando a la institución a habilitar números alternos mientras miles de ciudadanos buscaban cómo comunicarse. La suspensión reabrió el debate sobre la fragilidad operativa del Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú, una institución que enfrenta severas carencias estructurales, en un país donde cerca del 40% de la flota de vehículos de emergencia permanece fuera de servicio, ya sea por antigüedad o por falta de repuestos. Que la puerta de entrada a cualquier auxilio dependa de un proveedor telefónico externo revela cuán expuesto está todo el sistema a fallas ajenas a la vocación de quienes sí están dispuestos a acudir.
Y son, cada vez, menos los que se animan a acudir. El teniente Víctor Salinas, de la Compañía Arequipa 19, describe una crisis de relevo generacional que golpea a toda la ciudad: la cantidad de postulantes ha sufrido una reducción drástica; lo que antes era una convocatoria masiva hoy es un goteo insuficiente de aspirantes. Las cifras lo confirman; antes, una sola compañía podía recibir hasta 70 postulantes; hoy esa cifra apenas se alcanza sumando varias sedes en un trimestre, y tras los exámenes las promociones finales para toda la ciudad logran consolidar entre 25 y 40 nuevos efectivos, un número que no cubre el déficit operativo. El diagnóstico se repite en la Cruz Roja arequipeña, donde los jóvenes permanecen apenas tres o cuatro años antes de retirarse, perdiendo la mística de «forma de vida» que caracterizaba a generaciones anteriores, en instituciones que, sin presupuesto estatal, dependen de la autogestión y de voluntarios que financian de su propio bolsillo lo que el estado no entrega. Exigirles más disciplina, más riesgo y más entrega mientras se les da menos equipamiento, menos respaldo y menos reconocimiento económico no es sostenible, es, sencillamente, la receta para que la próxima generación de arequipeños decida no vestir ese uniforme.
Redacción Patty Mamani

