Lunes 16 de Marzo de 2020.A. 3a Semana de Cuaresma
José Gabriel Brochero (1914)
2Re 5,1-15a: Había leprosos en Israel. Salmo 41: Mi alma tiene sed del Dios vivo: ¿Cuándo veré el rostro de Dios? Lc 4,24-30: Todos en la sinagoga se indignaron.
2 Re 5,1-15: Eliseo cura de la lepra a Naamán el sirio, significa que la salvación de Dios, salta las fronteras y las personas del pueblo elegido. Naamán exclama: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor».
Lc 4,24-30: Jesús el gran profeta, es rechazado por sus conciudadanos, porque cuestionaba las estructuras sociales y religiosas injustas. Igual que Isaías, Elías, Eliseo proclama la gracia de Dios para todos. Eran tan duros de corazón, y dicen ¿Pero no es este el hijo de José? (v. 22). Jesús ha venido para sanarnos de nuestras heridas físicas, espirituales y morales. Dejemos que Él en nuestras vidas. Jesús espera nuestra conversión para ser personas nuevas.
Dios habla en Nazaret, por boca de su hijo Jesús, pero se creían tan perfectos y apegados al culto, que su corazón está lejos de Dios. Jesús nos pone como ejemplo, a la viuda de Sarepta y Naamán, el sirio, habían recibido gracias singulares de Dios. En cambio, la sanación de Dios no se realiza en el pueblo elegido, porque estaban tan seguros de sus instituciones religiosas. Dios sale a la periferia, a los que ellos consideraban paganos. Al oírlo se enfurecen y quieren despeñarlo, porque no creen en ÉL.
¿Tenemos una confianza plena que es Jesús es nuestra salvación y que sana nuestros corazones para vivir felices?
Fr. Héctor Herrera o.p.

