Sábado 18 de Abril de 2020. A. Octava de Pascua.

Francisco Solano (1610)

Hch 4,13-21: Les anunciamos lo que hemos visto. Salmo 117: Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste. Mc 16,9-15: Proclamen la Buena Noticia.

Mc 16,9-15: El primer día de la semana, simboliza en Cristo resucitado, se da la creación definitiva (cf. Gn 1,5)

¿Cuál es el núcleo de nuestra fe? La razón de nuestra fe es Jesús muerto y resucitado. ¿Cómo experimentamos esta presencia de Jesús? Jesús Resucitado sale a nuestro encuentro, en nuestra vida diaria. Salió al encuentro de María, estaba triste y desconsolada, lo mismo los discípulos. Su tristeza se transforma en alegría, la desesperanza en esperanza. Ella les transmite esta vivencia:  el Señor ha resucitado. Ellos no le creyeron, sus ojos estaban vendados por el miedo, se sentían tal vez fracasados. Lo mismo les había pasado a los discípulos de Emaús. Hoy, puede sucedernos a nosotros: nos sentimos tocados por la pandemia global del covid 19, tal vez sin esperanza, doloridos cuando un proyecto no se estudia a conciencia. que es lo bueno y cuáles son las consecuencias a futuro con el medioambiente, con el sistema de salud, donde todos estamos comprometidos, capacidad de dialogo sobre políticas públicas de salud, medioambiente, educación, trabajo, buscando todos los sectores empresariales y gremios para reactivar la economía, pensando en el bien común de todos y no de unos pocos.

Sentir la alegría del Resucitado es estudiar, evaluar a todo nivel, con responsabilidad y eficacia, dando a conocer al pueblo con transparencia, entonces la desconfianza se convierte en confianza. Y se evita la corrupción.

La experiencia de la fe, se vive en medio de la comunidad. Jesús les reprocha su incredulidad. Nos llama a todos los creyentes a una misión: “Vayan por todo el mundo, proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad” (v. 15), a reconstruir nuestras vidas, tomar conciencia que Él es el Señor de la vida y que mueve nuestra historia para que la construyamos en comunidad y en misión itinerante. Vivir la alegría del Resucitado, nos hace vivir la verdad, de crear una cultura de amor y de respeto, de eficacia y responsabilidad. Tener el espíritu del Resucitado es vivir la alegría de comunicarlo y de comprometernos con la renovación profunda de la Iglesia, con la práctica del Evangelio.

Fr. Héctor Herrera, o.p.

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