Viernes 1 de mayo del 2026. Cuarta Semana de Pascua

Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 26-33

Salmo 2, 6-7. 8-9. 10-11 y 12a R/. Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy

Juan 14, 1-6: No se turbe vuestro su corazón

Este pasaje se sitúa en el contexto del discurso de despedida de Jesús en el Evangelio de Juan. En la intimidad de la última cena, Jesús prepara a sus discípulos para el momento de la cruz. Ante la inquietud y el desconcierto, pronuncia una frase que resonará con fuerza a través del tiempo: “No se turbe vuestro corazón”. No es una invitación a ignorar las dificultades, sino a vivirlas desde la confianza en Dios y en el sentido profundo de la vida.

En este contexto, Jesús se revela con una afirmación central: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No propone simplemente una enseñanza, sino que se ofrece Él mismo como referencia para orientar nuestra propia vida y la construcción de la fraternidad.

Jesús es el camino: nos muestra cómo vivir y cómo relacionarnos. Su manera de actuar nos impulsa a construir un mundo donde la dignidad de cada persona sea respetada y donde las relaciones estén marcadas por la justicia, la equidad y el reconocimiento del otro. En este día rememoramos la figura de San José Obrero, quien, de forma silenciosa y fiel, con su trabajo cotidiano, sostiene la vida y cuida de aquellos que le son encomendados: María y Jesús. En él descubrimos la dignidad del trabajo sencillo, la responsabilidad vivida con amor y la grandeza de quien se gana el pan con esfuerzo y honradez.

Jesús es la verdad: una verdad que no depende de opiniones o intereses, sino que se fundamenta en el amor de Dios y en la dignidad inviolable de todo ser humano. No todo criterio vale cuando se trata de la vida de las personas. La verdad del Evangelio nos exige discernir, denunciar aquello que genera explotación o desigualdad, y defender condiciones laborales justas, donde cada persona pueda desarrollar su vida con seguridad y dignidad.

Jesús es la vida: fuente de vida plena y verdadera, que se hace visible en la fraternidad. Allí donde se promueve el respeto, la solidaridad y el cuidado mutuo, especialmente hacia quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad, la vida de Dios se abre paso. También en el mundo del trabajo, la vida se hace más humana cuando se crean espacios donde las personas no solo producen, sino que son reconocidas, valoradas y acompañadas.

Hoy su palabra sigue resonando con fuerza: “No se turbe vuestro corazón”. En medio de las dificultades, Jesús nos invita a confiar y a actuar. A construir, desde la fe y siguiendo el ejemplo de San José, una sociedad donde el trabajo sea digno, los derechos sean respetados y cada persona pueda vivir con la esperanza y la plenitud que Dios quiere para todos.

F/ Dominicos.org

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