Lunes 27 de Abril de 2020. A. 3ª Semana de Pascua.

Santo Toribio de Mogrovejo, Patrono del Episcopado Lationamericano.

Is. 6,1-8: Santo, Santo, Santo es el Señor. Sal. 116: Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio. 1 Cor. 4,1-5: somos simples servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Mt 28,16-20: Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.

Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo, nació en Mayorga, Espala, el 16 de noviembre de 1538. Murió en Zaña, el 23 de marzo de 1606. Segundo Arzobispo de Lima. Misionero y organizador de la Iglesia en el virreinato del Perú. Gregorio XIII lo nombró arzobispo de Lima (1579). En mayo de 1581, inició su trabajo como misionero viajando a Lima a pie, bautizando y enseñando a los nativos. Repartió a los pobres todo lo que poseía. Vivió, como nos dice Francisco “La Iglesia “en salida” una Iglesia con las puertas abiertas. Salió hacia los demás para llegar a las periferias humanas” (E.G. 46)

El Papa Francisco, urgía a los obispos de Perú: aprender de Sto. Toribio, hombre de fe y confianza en Dios, misionero que supo pasar a la otra orilla.

  1. Tuvo que dejar la comodidad del obispado y recorrer el territorio confiado, en continuas visitas pastorales, tratando de llegar y estar allí donde se lo necesitaba. Tenía que enfrentar los más diversos climas y geografías, «de 22 años de episcopado, 18 los pasó fuera de Lima, fuera de su ciudad, recorriendo tres veces su territorio.
  2. Promovió por muchos medios una evangelización en la lengua nativa. Con el tercer Concilio Limense, procuró que los catecismos fueran realizados y traducidos en quechua y aymara. Impulsó al clero a que estudiara y conociera el idioma de los suyos para poder administrarles los sacramentos de forma comprensible, para que el Evangelio fuera entendido y penetrara en el corazón.
  3. La evangelización no podía darse lejos de la caridad. En sus visitas pudo constatar los abusos y los excesos que sufrían las poblaciones originarias, y así no le tembló el pulso, en 1585, cuando excomulgó al corregidor de Cajatambo, enfrentándose a todo un sistema de corrupción y tejido de intereses que «arrastraba la enemistad de muchos», incluyendo al Virrey [6]
  4. Fundó el primer seminario postconciliar, impulsando la formación del clero nativo. Entendió que no bastaba llegar a todos lados y hablar la misma lengua, era necesario que la Iglesia pudiera engendrar a sus propios pastores locales y así se convirtiera en madre fecunda. Defendió la ordenación de los mestizos —cuando estaba muy discutida la misma— buscando alentar y estimular a que el clero, si se tenía que diferenciar en algo, era por la santidad de sus pastores y no por la procedencia racial [7].

Queridos hermanos obispos, trabajen para la unidad, no se queden presos de divisiones que parcializan y reducen la vocación a la que hemos sido llamados: ser sacramento de comunión. No se olviden que lo que atraía de la Iglesia primitiva era ver cómo se amaban. Esa era, es y será la mejor evangelización. (Discurso a los obispos. Lima 21.1.2018).

(Fr. Héctor Herrera, o.p.)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *