Martes 18 de enero 2022 de la 2ª semana de Tiempo Ordinario.

Samuel 16, 1-13: Samuel ungió a David en medio de sus hermanos y el espíritu del Señor vino sobre él.

Salmo 88: Encontré a David, mi siervo.

Marcos 2, 23-28: El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado

El evangelio de hoy forma parte de una serie de controversias de Jesús con los fariseos en torno a las comidas con los pecadores (2,15-17), el ayuno (2, 18-22) o el tema del sábado como es este caso (2,23- 28).

Los discípulos de Jesús al pasar por un sembrado han arrancado una serie de espigas en sábado para abrirse camino, lo que provoca el juicio por parte de los fariseos. Santificar el sábado era uno de los mandamientos del decálogo recogidos en su doble tradición de Éxodo (20,8-11) y Deuteronomio (5, 12-15) en el que, por cierto, se justifica con razones diferentes.

En el fondo, el conflicto que se plantea entre Jesús y los fariseos, es cómo actualizar en esas circunstancias concretas el mandato de la Ley, cómo interpretar en el hoy lo dado por Dios en la época de Moisés. Mientras los fariseos hacen una interpretación literal y rigorista de la Ley, Jesús introduce un criterio de discernimiento cargado de novedad recurriendo como buen Maestro a la misma Escritura para presentar sus argumentos.  Re-lee en el primer libro de Samuel el episodio en el que David llega a atreverse por hambre, cometiendo casi un sacrilegio, a comer los panes de la presencia que había en el santuario de Dios (1 Sm 21,2-7; Ex 25,23s).

El criterio de discernimiento, que utiliza Jesús para actualizar en su tiempo el mandato del cumplimiento del sábado es el mismo ser humano, su dignidad, la defensa de su vida, su integridad, su propio bien, la fraternidad universal. No hay ley de Dios que sea verdaderamente divina y pretenda atentar contra la vida o la dignidad del hombre y la mujer. Esto lo entendió bien Sta. Margarita de Hungría, cuya fiesta celebramos hoy y lo ha hecho suyo en su Magisterio el Papa Francisco: “Los creyentes nos vemos desafiados a volver a nuestras fuentes para concentrarnos en lo esencial: la adoración a Dios y el amor al prójimo, de manera que algunos aspectos de nuestras doctrinas, fuera de su contexto, no terminen alimentando formas de desprecio, odio, xenofobia, negación del otro” (FT 282). ¿Estamos atentos/as a ello?

F/ Dominicos.org

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