Viernes 22 de Mayo de 2020. A. 6ª Semana de Pascua

Joaquina de Vedruna, fundadora (1854) Rita de Casia (1457)

Hch 18,9-18: Muchos de esta ciudad son pueblo mío. Salmo 46: Dios es el rey del mundo. Jn 16,20-23a: Nadie les quitará la alegría.

Jn 16,20-23. Los discípulos siguen sin entender el mensaje de Jesús. Él nos prepara, pasarán de la tristeza a la alegría. Así como una mujer sufre cuando va a dar a luz. También los discípulos serán perseguidos, incomprendidos para dar a luz al amor, fraternidad, alegría de ser personas nuevas, tolerantes, libres, amantes de la paz, la justicia que se basa en la verdad.

El amor de Jesús y del Padre nos cambia de perspectiva. Si fomentamos el amor a Dios y al hermano, creando una cultura del encuentro y de tolerancia entre nosotros mismos y las naciones, dialogando, escuchándonos y proponiendo formas de dar solución a las realidades concretas, sobre todo cuando hay conflictos y pandemias letales el espíritu de comprensión lo logramos.

El ser humano teme encontrarse a sí mismo. Teme dejarse cuestionar por Dios en sus actitudes. Recurre a la violencia y prepotencia. No quiere alumbrar una vida nueva. Porque no le interesa el respeto y amor por la vida propia y del prójimo.

Vivimos momentos difíciles de la pandemia coronavirus, que nos permite darnos motivos de esperanza, como nos recordaba el Papa Francisco: “El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.(Oración en tiempo de la pandemia 27-3-2020)

Oremos al Señor Jesús, que estos tiempos de dolor, nos de un corazón libre, tierno, amoroso para conocernos y conocer el amor a los que nos rodean. Que salgamos fortalecidos por tu cruz y resurrección, comprendiendo que somos una sola familia, unida por la fe y esperanza. Amén.

Fr. Héctor Herrera OP.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *