Martes 18 de Agosto de 2020. A. 20ª. Semana T.0.
Alberto Hurtado (1952). Beato Manés de Guzmán, o.p. hermano de Sto. Domingo.
Ez 28,1-10: Eres hombre y no Dios. Interleccional Dt 32: Yo doy la muerte y la vida. Mt 19,23-30: Para Dios todo es posible.
Mt 19,23-30. El joven rico se fue triste. Había puesto su felicidad en los bienes materiales de este mundo, como nosotros tal vez. Jesús exclama: ¡Qué difícil es que un rico entre el reino de los cielos! (v.23). Esto escandaliza a sus discípulos. Pedro le dice: nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido ¿Cuál será nuestra paga? (v.27)
Jesús le responde a Pedro y a nosotros: Los que lo han dejado todo, en el nuevo mundo recibirán cien veces más. Ser seguidores de Jesús, es dejar de ser posesivos, egoístas, acaparadores, sobre todo en estos tiempos de pandemia, debemos convertirnos en personas solidarias con una mirada nueva y contemplativa, de ese Dios desprendido que nos hace mirar más allá con entrañas de misericordia y justicia.
El amor a los que sufren y con quienes tenemos que compartir la esperanza y la felicidad de vivir. Los gestos solidarios en distintas partes de Perú, que hace la Iglesia son signos de una conversión profunda a Dios para contemplar que la felicidad plena en Él y el amor a las víctimas de la pandemia, se concretiza en gestos de solidaridad, desprendimiento y ayuda al prójimo, nos hace hermanos, hijos de un Padre Santo, bueno, justo y misericordioso.
Nuestra sociedad necesita escuchar la voz de Jesús. Escucharlo en los gritos de los pobres con una reforma profunda en la salud, economía, educación, política que sea un servicio con propuestas concretas, buscando el bienestar de todos.
No debemos permitir que los pobres sufran las consecuencias de más pobreza e injusticia en nombre del dios dinero de unos pocos.
¿Cómo descubrimos ese amor y solidaridad de Jesús para con los pequeños y no tenidos en cuenta hoy?
Fr. Héctor Herrera op

