Viernes 08 de enero de 2021. Tiempo de Navidad
Severino (482)
1Jn 5, 5-13: Testigos, el Espíritu, el agua y la sangre
Salmo 147: Demos gracias y alabemos al Señor
Lc 5, 12-16: En seguida le dejó la lepra
El leproso en el Antiguo Testamento era culturalmente impuro. La lepra era una enfermedad considerada como un castigo de Dios y relacionada probablemente con un castigo especial por los pecados. Solo una intervención de Dios podía curarla. La estrecha conexión entre la llamada a los primeros discípulos y la curación de un leproso parece muy significativa. Lucas propone a su comunidad, y a través de ella a todos nosotros, la tarea de incorporar a la comunidad humana o eclesial a todos los que por un motivo u otro han sido excluidos por los hombres. La curación realizada por Jesús es la respuesta a una confesión de fe del leproso, que expresa el reconocimiento de su poder para curar y tiene una incidencia en su actitud corporal (rostro en tierra). Este milagro no hace más que extender la fama de Jesús. Por eso grandes muchedumbres acuden para escuchar su palabra y beneficiarse de sus curaciones. Pero como ocurre en otras ocasiones, Jesús se retira al desierto para orar; la fuerza de su palabra y de su poder de curación provienen de su familiaridad con el Padre.
Las exigencias que se le hacían a Jesús eran grandes y las expectativas muchas. La práctica de Jesús hace posible que todos nos sintamos llamados e invitados a ponernos en actitud de su seguimiento.
F/Editorial Claretiana

