Viernes 05 de Noviembre de 2021.Tiempo Ordinario, Año Impar, Semana No. 31º

Rom 15,14-21: Por Cristo me siento orgulloso

Salmo 97: Que todos los pueblos aclamen al Señor

Lc 16,1-8: Los hijos de este mundo son astutos

Mi acción sacra: anunciar la buena noticia de Dios

San Pablo se centra fundamentalmente en aquellos que no creen en Cristo. No es una cuestión de indiferencia los pueblos alejados, ni tampoco una cuestión de pasotismo. Al contrario, a Pablo le preocupa aquellos que viven en el mundo de la increencia. Se preocupa por los gentiles.

Por eso, una acción sagrada en su misión de apóstol es anunciar a todos los pueblos la buena noticia de Dios. Es decir, incluyendo a los que no creen. Pablo habla de que todo su proceder ha sido dejarlo todo lleno del Evangelio de Cristo. Así Cristo se convierte en el centro de los creyentes y futuro-presente entre los que no creen.

Seguro que encontraremos personas a nuestro alrededor que conducen su vida con criterios bastante evangélicos, ofreciendo caridad, escucha, cuidado, y entrega a sus próximos. Personas que manifiestan su resistencia a creer. Quizás en un diálogo comprensivo habría que conducir a la persona al interrogante ¿por qué no crees? ¿Cuáles son tus razones? ¿Esas razones tienen que ver con Dios o con el proceder de la Iglesia? No es lo mismo dejar de creer en Dios que vivir decepcionado por la Iglesia.

El mundo de la increencia puede ser tan profundo como superficial, todo dependerá de los valores en los que se sitúe. Y esos valores hay que descubrirlos para una posibilidad de encuentro y diálogo en camino de una consideración de Dios y de Cristo más acorde con la capacidad de creer.

¿Es cierto lo que me han dicho de ti?

En ocasiones hacemos depender nuestra visión de las personas y las circunstancias de lo que diga una sola persona, ante la que manifestamos una fe ciega, o una confianza absoluta. Algo que me puede conducir a la verdad o al error. Al error porque me he empeñado en escuchar una sola voz.

La vida está llena de únicas voces, que determinan el caminar de nuestros prójimos. Suelen ser voces opresoras, que tiranizan a las personas, donde se adolece de un sentido justo de la realidad. En esas situaciones se suele acudir a una “jauría de perros” para que canalice al rebaño y lo conduzca al redil.

La pregunta del administrador no es afirmar quién eres en verdad, ni quién estás dispuesto a ser en realidad. La pregunta busca confirmar un prejuicio. La visión de otro o de algunos.

La decisión aparece clara como respuesta y comprensión: actuar con habilidad, y actuar desde un situarse como hijo de la luz. Para esclarecer la fe, la misericordia, y el amor. La reconciliación, el perdonar las deudas, el reducir el peso de las mismas, es lo que condujo al administrador a ser reconocido por el dueño del campo.

¿Y qué es ser hijo de la luz? el que cuida con misericordia del prójimo, el que habla y escucha con compasión a su hermano, el que construye una realidad donde Cristo esté presente como salvador, y no renunciar por comodidad o miedo a la práctica evangélica de la fe.

F/ Dominicos.org

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