Jueves 02 de diciembre de 2021. 1ra Semana de Adviento

Bárbara, mártir (s. IV)

Is 26,1-6: Que entre un pueblo justo

Salmo 117: Bendito el que viene en nombre del Señor

Mt 21,24-27: El prudente practica la palabra

Gioba, un sacerdote italiano aficionado a acompañar el comentario de su homilía con viñetas, describía unos domingos atrás, a Dios sobre unas nubes escuchando las oraciones de sus fieles:  Señor te adoramos, te glorificamos; te alabamos…A lo que el buen Dios, desde la nube, respondía: Bla, bla, bla… Es la forma más gráfica de trasmitirnos que, a veces, nos conformamos con dirigirnos a Dios muy piadosamente, olvidando los auténticos problemas en que se debaten las personas. De ahí que, si nuestra oración no es expresión de nuestro compromiso, en todos los sentidos, con nuestros hermanos, especialmente con los más pobres, equivale a edificar nuestra casa sobre arena porque todo queda en mera palabrería.

Jesús nos invita a reflexionar, como siempre, sobre cómo está siendo nuestra vida.

Escuchar sus palabras y ponerlas en práctica es la única forma de edificar nuestra casa sobre roca. S. Pablo nos recuerda, en su primera carta a los Corintios, que Cristo es la piedra angular donde ha de asentarse toda nuestra vida. Esto solo ocurre cuando lo tenemos presente y actuamos guiados por Él.

Nuestro problema puede estar en que estamos muy habituados a oír, no a escuchar. De ahí que las palabras que proclamamos, o la lectura que realizamos, pueden resbalar por nuestra mente, sin dejar nada en nosotros. La escucha requiere cierto esfuerzo para dejarnos invadir por su contenido. Las palabras de Jesús son palabras de vida, verdad, pero, solo son tales cuando nuestra vida se deja modelar por lo que Él propone.

Solo desde esa escucha activa, viva, podemos esperar que todo nuestro sentir y actuar se vea invadido por el Espíritu de Jesús.

Ardua tarea cuya recompensa será el poder vivir con nuestra conciencia ensamblada en un proceso de transformación, donde sus mensajes vayan cambiando nuestra mente ¡ojo! y nuestro corazón. Si no es así, caeremos en lo que decía al principio, refiriéndome al sacerdote italiano: bla, bla, bla..

Seguro que no queremos quedarnos solo en las palabras. Estamos en un buen momento para renovarnos a la luz del evangelio de Jesús, como forma de vivir cristianamente el adviento.

F/ Dominicos.org

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