Sábado 23 de noviembre de 2019. C. 33ª Semana T.0.
Miguel Agustín Pro (1927). Clemente I (s. I)
1Mac 6,1-13: Antíoco se asustó y enfermó. Salmo 9: No abandonas, Señor, a los que te buscan. Lc 20,27-40: Dios es Dios de vivos.
Lc 20,27-40: Los saduceos eran un grupo político, colaboracionistas de Roma. Secta religiosa, cuyo nombre derivaba del sumo sacerdote Sadoc en tiempos de David. Era gente adinerada, formado por los aristócratas y sacerdotes. No aceptaban más ley que la Torá: los cinco libros del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio).
Negaban la resurrección. Le tienden una trampa a Jesús, buscaban un motivo para eliminarlo. En cambio, los fariseos, si creían en la resurrección y admitían toda la Torá o la Ley: Pentateuco, los Profetas y demás escritos.
Jesús afirma rotundamente la resurrección de los muertos: “Los que viven en este mundo, toman marido o mujer. Pero los que sean dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no tomarán marido ni mujer” (v, 34-36)
La muerte es una realidad constante en nuestra vida. La muerte biológica, su anuncio paulatino en las distintas enfermedades, su presencia en los accidentes y su manifestación en todo lo que es la negación de la vida, en las diversas formas de violación de los derechos y de la dignidad de la persona, nos enseña el concilio vaticano segundo.
Diversas actitudes podemos tomar ante la realidad de la muerte. Para el creyente es esperanza en la resurrección. La vida se transforma.
Jesucristo resucitado es nuestra respuesta válida a la interrogante de la muerte del ser humano. Es el primero que vive. La fe y la esperanza cristianas nos vinculan desde nuestro bautismo a Cristo vivo Y resucitado.
Él es el Señor de la vida, que nos muestra al Dios vivo: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven” (Lc. 20,38)
¿Cómo resucitamos con Jesucristo, cada día? ¿Qué sentido le damos a nuestra vida?
Fr. Héctor Herrera, o.p.

