Miércoles 15 de diciembre de 2021. 3ra Semana de Adviento

María de la Rosa, fundadora (1855)

Is 45,6c-8.18.21b-26: Brote la salvación

Salmo 84: Cielos, destilen el rocío; nubes, derramen al Justo

Lc 7,18b-23: Digan a Juan lo visto y oído

Las personas humanas somos proclives a crear ídolos, a crear dioses falsos, a los que adoramos y rendimos pleitesía, como el dinero, el placer, el poder… El mismo Dios, a través de su profeta Isaías, nos dice que solo Él es Dios, que no hay Dios fuera de Él. Por tres veces nos lo recuerda en esta primera lectura: “Yo soy el Señor y no hay otro”. Es el creador del universo, de todas las cosas, desde la luz hasta las tinieblas, desde la paz hasta de la desgracia. Él es también nuestra salvación y en ninguno otro la podemos buscar.

Estas palabras las entendemos mejor desde el Nuevo Testamento, cuando Dios nos amó tanto que fue capaz de enviarnos al único salvador del mundo, a su propio Hijo Jesús. Y Jesús siguiendo la misma huella que su Padre, nos amó y nos amó “hasta el extremo”. Hasta el extremo de señalarnos con su propio modo de vivir el camino que nos lleva a la salvación, iluminando para siempre nuestras tinieblas. “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas”.

En este adviento, cundo ya hemos saboreado la presencia salvadora de Jesús en nuestra vida, le pedimos que siga con nosotros, que siempre podamos gozar de su luz y de su amor.

¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?

Juan el Bautista, con un género de vida austero, con un mensaje donde predominaba el pecado y la lucha contra el pecado, con la predicación de “un bautismo de penitencia para la remisión de los pecados”, estaba un poco despistado con la figura de Jesús, cuyo estilo de vida y predicación era, podemos decir, más abierto. Por eso, para salir de dudas, envía a dos de sus discípulos a preguntar personalmente a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”. Le pregunta si es él el Mesías anunciado y tan esperado. La respuesta de Jesús es clara para Juan. Se limita a citar lo que Isaías dice que hará el Mesías cuando venga: curar a los diversos enfermos, a los ciegos, los inválidos, los leprosos, los sordos, los muertos y predicar la buena noticia a los pobres. Que es justamente lo que está haciendo Jesús.

Uno de nuestros contantes peligros es hacer a Dios y a Jesús a nuestro gusto. Conocemos el remedio para no caer en esta tentación: ir directamente a Jesús, acudir a sus palabras, a sus acciones, a sus reacciones… para que nos quedemos y emocionemos con el verdadero y único Señor Jesús, nuestro salvador, nuestra vida.

F/ Dominicos.org

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *