Miércoles 13 de octubre de 2021.Tiempo Ordinario, Año Impar, Semana No. 28º
Beata Magdalena Panatieri
Rom 2,1-11: Pagará según sus obras
Salmo 61: Tú, Señor, pagas a cada uno según sus obras
Lc 11,42-46: ¡Ay de ustedes, fariseos!
Nuestras obras son hijas de las actitudes que tenemos en la vida. No se puede pretender un cambio en las actuaciones si antes no ha procedido y precedido una renovación en el modo de pensar y en las actitudes personales. Pretender cambiar las obras sin que se modifiquen las actitudes es un disparate y una pérdida de tiempo. Nada exterior se renueva si antes no ha habido una renovación interior. No se trata de cambiar las formas externas, sino de cambiar en lo más profundo de nosotros. Y esto no es consecuencia de nuestra determinación en primer lugar, sino de una experiencia de gracia, de encuentro con el Señor.
En el salmo repetiremos, porque es verdad, “Tú, Señor, pagas a cada uno según sus obras”. Hay que reconocer que por el modo de actuar se conoce el modo de ser de cada uno. De un corazón bueno, no pueden proceder malos sentimientos y una mente iluminada por la luz de Cristo no puede generar malos pensamientos. De ahí la importancia de contrastarse permanentemente con Jesucristo, pues él, no solo abre el entendimiento para conocer el querer de Dios, sino que sostiene en el proceso de renovación interior.
¡Ay de vosotros…! Estas exclamaciones de Jesús surgen ante la hipocresía de los grupos de perfectos, que se presentan como la medida y esquema válido al que todos se tienen que ajustar. Cumplen la letra de la ley, pero dejan de lado el sentir de la misma ley. Pasan por alto, dice Jesús: “el derecho y el amor de Dios”. ¿De qué les sirve esa puntualidad legal si está hueca? No sirve de nada. Por eso el ¡Ay! Ya no significan nada. Tumbas sin señal pisoteadas por todos.
Y la queja del maestro de la ley: “Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros”. Pues para ellos va la advertencia: “abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo”. Apelan a la ley, pero burlan la ley. Un problema muy común que la sabiduría popular explica: el que hizo la ley, hizo la trampa. Son preceptos humanos que se interponen entre lo señalado por Dios y lo que realmente importa. Jesús destapa lo que se esconde en esa intolerancia e intransigencia: dejan de lado el derecho y el amor de Dios. Y si esto se desconoce, la ley ya no da vida, sino que genera muerte.
Él nos precede y acompaña para que estemos situados en la forma correcta y actuemos siempre correctamente.
¿Cómo nos situamos nosotros?
¿Somos jueces implacables para las realidades humanas?
F/ Dominicor.org

