Carlos Luna: «La fe es un don que no depende de una estrategia de venta»

Este laico dominico es un apasionado de la creatividad. Investigador, consultor y divulgador, ha elaborado el primer manual de marketing religioso, convencido de que esta disciplina permitirá aplicar la exhortación apostólica ‘Evangelim gaudium’. En la actualidad, Carlos ejerce las funciones de Director Creativo Estratégico en ‘.be a dreamer’, una agencia especializada en Marketing social y Educativo, y también como consultor para diversas instituciones religiosas. Charlamos con él sobre cómo desarrollar nuestra actividad eclesial desde la perspectiva del marketing religioso es el único futuro posible para acercarnos al otro.

La primera pregunta es obligada para que nos explique qué es eso del marketing religioso.
El marketing religioso es una nueva disciplina que surge para ponerse al servicio de la Iglesia en su propósito y misión de evangelizar. Con el objetivo de intentar entrar en relación con los alejados hoy. Es una disciplina más que nos permite hacer este acercamiento y, aunque no es la única, es en la que yo creo. Históricamente, en la Iglesia, hemos profundizado en procesos pastorales y catequéticos, por ejemplo. Estos son procesos válidos y a los que el marketing religioso se suma. Pero ¡ojo! Si entendemos marketing como una técnica para vender este concepto no tiene ningún tipo de sentido para nosotros y no cabe en la Iglesia, porque nosotros no vendemos nada, la fe es un don y no depende de estrategias o campañas publicitarias, ni de promociones de venta. Por eso es muy importante entender marketing como una estrategia de relación a través de un proceso de empatía, para ponerme en el lugar del otro, y desde ahí no venderle mi fe, sino satisfacer su necesidad de trascendencia, que todo ser humano tiene por el mero hecho de serlo.

El objetivo del marketing religioso es ayudar a la evangelización, pero yo tengo la sensación de que siempre nos dirigimos a los mismos, ¿qué piensa usted?
Totalmente de acuerdo. En el libro hablo de cómo segmentar el público según la pregunta trascendente. Siempre nos dirigimos al público que está dentro porque es más cómodo, sencillo… Nos cuesta más dirigirnos y hacer ese proceso de empatía e Iglesia en salida a la que nos invita el Papa. Casi toda nuestra oferta está dirigida a nosotros, a alimentar nuestra vocación. Y no hay ofertas para construir un producto, más allá de los sacramentos, para hablar con los alejados. Y ese es nuestro problema. Seguimos construyendo una oferta para nosotros, sacramentales y no sacramentales, pero para nosotros.

¿Jesús ya usaba el marketing?
Sí, por supuesto. Si lo interpretamos como ese proceso de empatía, de mirar profundamente al otro, Jesús era un experto y de ahí sabía satisfacer su necesidad de transcendencia. Se mete en todos los trajes, Zaqueo, Samaritana, Joven Rico… Siempre es un proceso de empatía, de mirar profundamente al otro. Por supuesto que hacia el marketing, pero no marketing entendido como venta que es como la gente lo malentiende.

¿A quién va dirigido el manual?
El marketing religioso y este manual en concreto, está escrito para ayudarnos a vivir la Evangelii gaudium tal cual, independientemente de quién eres, con cargo o no, o independientemente de la institución que seas, más grande, menos grande, más moderna, más tradicional, con más historia. No se trata de formar a los cuatro responsables de comunicación que existen en la actualidad. El marketing religioso es para que todos, desde la base, podamos ponerlo en práctica. Cada uno en el lugar que ocupa dentro de la estructura eclesial. En el manual, los dos últimos capítulos están dedicados a su puesta en práctica, sea la institución que sea y del tamaño que tenga.

F/Revista21

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