Dolor del Papa por el Cáucaso y Ucrania: La paz sólo es posible si callan las armas

Paz, diálogo y oración. Desde la Plaza de San Pedro se eleva de nuevo la voz del Papa por el mundo y por «toda tierra ensangrentada por la guerra». Al final del rezo del Ángelus, Francisco vuelve a dirigir su mirada, como hizo en su reciente viaje a Kazajistán, al Cáucaso, donde en los últimos días se ha pagado el precio de 200 muertos por los nuevos enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyán. Dura la condena de la comunidad internacional y fuerte la preocupación expresada también por la Conferencia de Iglesias Europeas. Hoy las armas están en silencio gracias a una tregua acordada con la mediación rusa, pero la tensión sigue siendo alta y también el dolor del Pontífice que no deja de animar a todos a apoyar los esfuerzos para silenciar las armas:

“Siento dolor por los recientes enfrentamientos entre Azerbaiyán y Armenia. Expreso mi cercanía espiritual a las familias de las víctimas, y exhorto a las partes a respetar el alto el fuego, con vistas a un acuerdo de paz.”

«Que la confrontación pacífica y la concordia prevalezcan sobre las disputas», había dicho Francisco desde Nursultán, en Kazajistán, y hoy en una entrevista con Il Mattino de Nápoles ha reiterado: «Sólo el diálogo es el camino necesario y sin vuelta atrás». Luego, desde la Plaza de San Pedro, dirigiéndose al mundo que le escucha, repite:

“No lo olvidemos: ¡la paz es posible cuando callan las armas y comienza el diálogo!”

Entre las tierras ensangrentadas por la locura de la guerra, Francisco no olvida, aún hoy, a Ucrania, donde el Limosnero Pontificio, el Cardenal Konrad Krajewski, Prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, está en misión estos días:

“Y sigamos rezando por el martirizado pueblo ucraniano y por la paz en todas las tierras ensangrentadas por la guerra.”

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